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18 de Mayo, Muerte de Túpac Amaru y Micaela Bastidas

Del Blogs de Chuck Walker

Profesor de Historia en la Universidad de California, Davis

Mientras escribía The Tupac Amaru Rebellion pude apreciar la prosa del geógrafo inglés Clements Markham (1830-1916). Markham fue un agudo observador y su prosa permanece fresca incluso hoy en día. En Perú, país que visitó en 1852 y sobre el cual escribió su Historia del Perú, y otros libros más, no solo empleó sus talentos como geógrafo y explorador para observar la naturaleza sino que también dialogó con las personas y rastreó documentos. Markham nos dejó una de las mejores descripciones de la ejecución de Tupac Amaru, Micaela Bastidas y otros rebeldes llevada a cabo el 18 de mayo de 1781. El episodio le causó horror y lo consideró el inicio del fin del dominio español en el Perú.

“No se encuentra entre todos los anales del barbarismo, un solo documentos que iguale a este en su bellaquería y feroz brutalidad; y esto ha sido dictado apenas hace un siglo, por todo un Oidor español. Esta horrenda sentencia, con todas sus atrocidades fue llevada a cabo al pie de la letra. El 18 de mayo de 1781 hizo rodear la plaza por los soldados españoles y por sus tropas de negros; y saliendo los diez ajusticiados de la iglesia de los Jesuitas, marcharon al patíbulo. Una de estas víctimas fue el ilustre patriota Tupac Amaru; en la mañana lo visitó en prisión el Visitador Areche y trató de hacerle declarar quienes eran sus cómplices en la rebelión. ‘Vos por opresor del pueblo y porque os habéis hecho ya insoportable, y yo por haber tratado de libertarlo de tanta tiranía.

TúpacLas otras víctimas fueron: su esposa Micaela, sus dos hijos Hipólito y Fernando, su hermano político Antonio Bastidas, su tío Francisco; Tomasa Condemaita, señora vecina de Acos, y tres de sus caudillos. Primero ahorcaron a Bastidas y a los tres capitanes; a los otros los cargaron de cadenas, los metieron en unos sacos que se usaban para empacar el mate o yerba del Paraguay y los hicieron arrastrar de espaldas por caballos, hasta el centro de la plaza; a Francisco, tío del Inca y hombre de cerca de ochenta años y á Hipólito Tupac Amaru mozo de veinte, se les arrancó la lengua y se les aplicó la pena del garrote con un tornillo de hierro, el primero que se vio en el Cuzco. En seguida se colocó a Micaela, la querida e idolatrada esposa del Inca, sobre el mismo patíbulo, se le cortó la lengua y en presencia de su torturado esposo, , se le colocó el tornillo al cuello, con lo que sufrió horriblemente, por tener el pescuezo demasiado pequeño y el tornillo no ajustar bien; viendo que de este modo no podían acabar de matarla, le echaron un lazo al cuello y jalaban fuertemente de él, dándole horribles puntapiés en el pecho y en el estómago, de este modo pusieron fin a sus sufrimientos. El Inca subió en seguida al tabladillo, se le quitaron los grillos y esposas y se le arrancó la lengua; después se le tendió en el suelo, se le amarraron fuertemente las muñecas y los tobillos a la cincha de cuatro caballos, haciéndolos partir simultáneamente en distintas direcciones. Cuando se levantó el cuerpo en el aire, Fernando, el hijo menor del Inca, niño de diez años a quien se le obligó a presenciar la inmolación de su padre, lanzó un grito desgarrador, grito que por muchos años repercutió en el corazón de todos los concurrentes, acrecentando su odio contra los opresores. Fue este grito la sentencia de muerte de la dominación española en la América del Sur.

Pero aún no habían terminado estos horrores: los caballos no partieron en el mismo instante, de modo que al mutilado cuerpo le quedaron aún varios momentos de vida; por último el cruel y neroriano Areche, que presenciaba el sacrificio desde una de las ventanas del antiguo colegio de los Jesuitas, ordenó que le cortasen la cabeza. Al niño Fernando se le hizo pasar por debajo del tabladillo y se le condenó a cárcel perpetua”.

Fuente: Historia del Perú, 144-5.