Parálisis total

Por: Carlos Carrillo Berveño

Termina el 2017 y con él la esperanza depositada en nuestras autoridades. Todas ellas, lamentablemente, defraudaron y traicionaron la confianza del pueblo; empezando por el Gobernador Regional, pasando por nuestro alcalde provincial, el cual pasará a la historia por su famosa frase “con o sin corrupción”, y terminando en un soberbio y “sacrificado” alcalde distrital de Santiago, aquel que es capaz de fabricar un acuerdo municipal para viajar a Israel.
Es cierto, aún les queda un año de gestión, pero son 365 días cargados de efervescencia política, de cambio de gestión e infelizmente, para ellos, del término de sus gestiones. No cabe duda que a todos ellos les recordaremos por estancar el desarrollo regional y generar una parálisis total, al punto que no somos capaces de retomar la construcción del hospital Antonio Lorena o iniciar el proyecto de construcción de la vía Expresa.
No sé si el término sea el más apropiado, pero no hay otro que describa mejor la realidad por la que atraviesa nuestra región: parálisis total, en estos últimos años de gestión municipal y regional, se han paralizado los principales proyectos regionales y municipales. Estamos igual que como empezamos el 2015, con los mismos problemas y con la misma incapacidad que no nos permite ejecutar los principales proyectos cusqueños.

“En estos últimos años de gestión municipal y regional, se han paralizado los principales proyectos regionales y municipales. Estamos igual que como empezamos el 2015, con los mismos problemas y con la misma incapacidad que no nos permite ejecutar los principales proyectos cusqueños.”

Infortunadamente todo está paralizado: El gasoducto sur peruano, el aeropuerto internacional de Chinchero, la descontaminación del río Huatanay, el hospital Antonio Lorena, el estadio Inca Garcilaso de la Vega, la vía Expresa, la planta de fraccionamiento de Kepashiato, el túnel de la Verónica, el túnel de Poroy, la fábrica de cemento, la segunda etapa de la vía de Evitamiento, el asfaltado a provincias, la intervención de los mercados del Cusco, la construcción de viviendas populares. Todo está paralizado.
¿Acaso no es cierto que en la campaña electoral regional y municipal del 2014 esos proyectos no eran los principales ofrecimientos? En 2018 volveremos a escuchar los mismos ofrecimientos y, lo peor de todo, serán los mismos candidatos que volverán a engatusarnos y nos prometerán nuevamente todo aquello que no pudieron ejecutar, cuando desde el primer día de su gestión se debieron haber priorizado las obras, empezando por aquellas que con urgencia Cusco necesita.
Pero son, lamentablemente, los intereses personales y económicos los que más importan. Con autoridades encarceladas, como muchas de La convención, un congresista con sentencia de 7 años de cárcel, y funcionarios que se vienen llenando los bolsillos pidiendo coimas o entregando sobres cerrados (encuestas) con dinero en efectivo para comprar conciencias y silenciar medios de comunicación.
Así no vamos a llegar a ningún sitio. La corrupción es una pandemia que ha infestado todas las instituciones públicas y es la culpable de toda esta parálisis total. Quienes la defienden y están incursos en estos actos no tiene otro camino que el penal de Quencoro, pero quienes están al otro lado de la orilla, practicando una ciudadanía limpia que lucha por aquellas causas justas y siempre en defensa de la legalidad, deberían tener mejor opción política.