¿Por qué #NiUnaMenos está marcando un antes y un después?

Marcha del 13 de agosto

Desde hace unas semanas las redes sociales están potentemente sacudidas por los hashtag #NiUnaMenos, #13A, #JusticiaYa… Un movimiento ciudadano tremendo que está organizándose para tomar las calles el sábado 13 de agosto en contra de la violencia hacia las mujeres. Y a todas luces, este es un movimiento como nunca hemos visto antes, y que está dejando huellas indelebles. ¿Cómo surgió, y por qué se está sintiendo tan importante en la historia social del país?

Es a raíz de unos casos de intentos de feminicidios que se generó una ola de indignación generalizada. Cindy Arlette Contreras, a quién Adriano Pozo dejó desmayada y casi muerta, vio a su agresor asignado una pena irrisoria de un año de cárcel suspendida por lesiones leves y el pago de  5 mil soles. El agresor de Lady Guillén recibió 4 años de cárcel suspendida. Como mencionaron aquellas mujeres sobrevivientes, pareciera que la justicia peruana espera a ver muertas a las mujeres para aplicar justicia real. Ante esos casos, y a la luz de los cientos de mujeres que no encuentran justicia ante grave casos de violencia en contra de ellas, se creó un grupo Facebook “Ni Una Menos: marcha nacional ya”, haciendo referencia a un similar movimiento de mujeres argentinas unos años atrás. Y ahí es que se gestó algo que no se tenía previsto.

En este grupo, cientos de mujeres empezaron a contar las historias de violencia que habían pasado. Historias de parejas violentas, de violaciones sexuales sistemáticas de niñas, jóvenes y adultas, de la violencia de hombres contra la madre, de búsqueda infinita de apoyo y de justicia… Un sin fin de testimonios desgarradores de mujeres de todas partes de país, de todas clases sociales, de todos orígenes culturales. Pero también una hermandad, una sororidad, una fuerza de apoyo mutuo, y por fin, un espacio seguro para que muchas puedan contar sus historias, sus traumas, su silencio y sus tormentos. Por fin, un espacio que no les estigmatice, no les revictimice, no les haga sentir culpables de la violencia que sufrieron. Por fin, un espacio donde romper el silencio, hablar. Empezar a hablar.

Y eso, señores y señoras, eso es algo revolucionario. Vivimos en un país donde las mujeres “provocan”, “se la buscan”, “algo han debido de hacer” para merecer la violencia que se las impone. Vivimos en un país donde la policía cuestiona tu testimonio cuando vas a denunciar, donde la fiscal (mujer) te explica que te mereciste esos golpes por mala mujer, donde las vecinas, las tías, los primos, los colegas justifican a tu agresor y te hacen responsable y culpable. La violencia doméstica es, para esta sociedad, un problema individual, “se debe lavar los trapos sucios en familia”, no hablar del tema, callar, dar buena cara siempre. Y para todas esas mujeres sobrevivientes de la violencia machista, les ha tocado durante años sufrir en silencio, vivir lo suyo como suyo propio, como un dolor íntimo y privado.

13615263_966696600109947_1912321315738271627_nPero ya no es (solamente) un problema íntimo y privado. Al compartir esos testimonios, al encontrar ese espacio libre de prejuicios y donde las mujeres se empezaron a reconocerse en el trauma de la violencia vivida, se está tomando consciencia de que lo que nos ha tocado vivir, a cada una e individualmente, no es un problema individual: es un problema colectivo. Es un problema social –y por lo tanto es un problema político. Y dar una respuesta colectiva y política, después de haber podido romper el silencio, es el proceso más sanador que exista.

Ese es el lado más subversivo de este movimiento, que queda más invisible para quien observa desde fuera. Pero es también lo que está marcando un punto de inflexión ya irreversible, desde antes de la marcha.

Pero este movimiento es también una formidable ventana de oportunidades. Primero, una oportunidad para hacer un trabajo de educación popular, para ir más allá de la indignación, para reflexionar con mujeres que no suelen articularse a movimientos sociales sobre cómo llegamos a esos niveles de violencia, sobre mecanismos de opresión, sobre estrategias de emancipación colectiva. El archivamiento del caso de las esterilizaciones forzadas, que de por sí es un escándalo, es el ejemplo perfecto de ello. Es una necesidad absoluta integrar a la campaña esas políticas públicas genocidas, que se focalizaron en primer lugar en las mujeres pobres, indígenas, quechua hablantes del Perú, como altamente atentatorias contra las mujeres. Necesitamos ampliar nuestro entendimiento de la violencia contra las mujeres: no solo son golpes, no solamente son violaciones, sino toda una forma de organización social de concepciones, de creencias y de formas de discriminación, que lleva a feminicidios, a esterilizaciones forzadas y a muertes en abortos clandestinos. Y para atacarse a las raíces de la violencia contra las mujeres, debemos atacar todas esas concepciones y actitudes machistas diarias.

Es también la oportunidad para clarificar las posiciones de varios actores sociales. Las declaraciones de Msr Cipriani, arzobispo de Lima, deja en claro cuáles son sus prioridades y sus concepciones. Al decir que las mujeres van “provocando” su violación, vemos que él es parte de este estatus quo que alimenta la cultura de la violación y hace cargar la culpa de una agresión a la víctima y no a su agresor. También vemos que está más preocupado en criticar una supuesta “ideología de género” que en apoyar a esta más que justa causa; es incapaz salirse de un discurso condenatorio y agresivo para reconocer la realidad de tantas mujeres violentadas. Queda claro con esas declaraciones que esta supuesta autoridad moral, más allá de su oposición a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, es un obstáculo para la dignidad de las mujeres. En un país donde Msr Cipriani goza de un peso mediático y moral indudable, desvelar cuales dinámicas sociales alimenta y a cuales se opone, es determinante, en particular para exigir de las autoridades públicas imponer una real laicidad del Estado.

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Voces de Quillabamba / Foto de Celia Danielita Jeremy

Finalmente, es una oportunidad para visibilizar una situación gravísima en el Perú: dos mujeres de cada tres son violentadas física o sexualmente en el Cusco. En el 2015, se registraron 83 asesinatos de mujeres por parte de su (ex)pareja en el Perú. Un caso de violencia sexual está denunciado cada dos días en la región Cusco, y 50 al día a nivel país; el 90% de ellos son niñas, al 80% menores de 18 años. Y esta situación requiere de una respuesta de las autoridades públicas inmediata. Reforma del sistema judicial, donde un robo agravado es sancionado más severamente que una violación sistemática. Formación de los funcionarios públicos a la atención de violencia de género. Aumento del presupuesto público a las instituciones que acompañan a las victimas (CEM, DEMUNA, defensoras comunitarias, etc). Introducción de un curso de igualdad de género en las curriculas escolares.  Campañas públicas contra la violencia hacia las mujeres.  La campaña “Ni Una Menos” es una oportunidad, porque muchas personas están indignadas, y como los derechos nunca se han ganado de otra forma que a través de la presión popular, es el momento para presionar a las autoridades públicas para que se tomen las medidas que requerimos las mujeres para nuestra protección de manera urgente, y que las personas que venimos movilizándonos por los derechos de las mujeres reclamamos desde hace tiempo. Es una oportunidad para dar paso gigante hacia un acto de justicia tremendamente atrasado, hacia la solvencia de una deuda que el Perú tiene históricamente hacia las mujeres.

Las mujeres indignadas, acompañadas por nuestros hermanos y amigos varones que se solidaricen con nuestra lucha, seguiremos abriendo espacios para construir desde lo individual a lo colectivo, un país menos violento y más justo. No nos perdamos esta oportunidad: salgamos a las calles, a hacer historia, este 13 de agosto.

En el Cusco, la marcha saldrá a las 3pm desde la capilla de Mariscal Gamarra, detrás del parque que se ubica a la altura del paradero de Amauta (al frente de la Alianza Francesa).