La Última Noticia, película del Grupo Chaski

La Última Noticia y el lugar común del “cine necesario”

Por Mónica Delgado

Hay una escena que grafica claramente el espíritu conservador de La Última Noticia, el film reciente de Alejandro Legaspi, miembro del Grupo Chaski, y que propicia realizar una lectura sobre el poder mismo de las imágenes imponiéndose ante el lado textual del film (lo literal, claro). Muchas intenciones de cineastas que buscan realizar films aleccionadores o que se vuelvan “necesarios” en un contexto de recuperación o afirmación de un tipo de memoria de lo social, que es el caso de esta película, sobre todo a raíz de algunas respuestas dadas en entrevistas por el propicio cineasta, se ven traicionadas por los mismos dispositivos empleados en la puesta en escena. Y menciono lo de conservador como sinónimo de la salvaguardia de determinados valores políticos, sociales y morales tradicionales ante situaciones de cambios sociales, en muchos casos radicales o extremos, que es lo que se ve en el film ambientado a inicios de los años ochenta, en plena irrupción de Sendero Luminoso y dentro de un pueblo imaginario llamado Yurabamba. Pero veamos qué expresa esta escena.

Pietro Sibille, que encarna a un locutor radial que deviene en periodista, Alonso Vilca, aparece luego de su transformación de difusor de música popular andina a recopilador de historias del terror originado por Sendero Luminoso, ante el micrófono en un programa al aire, desde una cámara frontal que lo registra al lado derecho del encuadre. Vilca aparece alumbrado por una luz que lo destaca más, mientras que el lado izquierdo de la escena, que luce a contraluz, casi oscura, vemos a modo de fantasmas, percepción que queda soportada en el modo en que son presentados estos personajes anónimos, yuxtapuestos o bajo un sutil fundido encadenado que los hace uno, masa. Estos personajes, hombres y mujeres, van narrando entre llantos y susurros momentos dolorosos del accionar tanto de Sendero como de las FFAA. El testimonio, que es usado en el cine, sobre todo, para lograr un efecto sensibilizador, de cara a cara con el espectador, es utilizado aquí para recurrir a una adherencia emocional: personajes que describen pérdidas, atropellos, torturas o violaciones. Pero esta identificación o reconocimiento del dolor del otro es contradicho por la iluminación, que busca que el espectador concentre su mirada en los gestos y reacciones de Sibille/Vilca, aquel que aparece iluminado y presto a lanzar una lágrima de conmoción. Cuando Vilca llora, los fantasmas del horror desaparecen.

013Alejandro Legaspi no revela así un interés por sacar de la oscuridad o medialuz (y media voz) a estos personajes, verdaderos protagonistas del terror (incluso mencionó en una entrevista que los testimonios son reales), sino que los mantiene allí en la sombra, mientras su héroe escucha y llora, iluminado.

Este conservadurismo ideológico también se sostiene en la naturaleza social del protagonista. Recordemos que el film comienza con la celebración de una boda, estamento social de preservación de un status quo tradicional e indisoluble “a los ojos de dios”, y que se lee desde la institucionalidad misma de la familia, que hay que defender a como dé lugar. Estos planos iniciales, que muestran casi una celebración desapasionada dentro de un contexto tranquilo, “en orden”, porque precisamente la invención de Yurabamba permite esta ambigüedad y estilización. Tanto el inicio como el final, permiten esta aseveración, ya que se trata de defensa de la unión familiar ante cualquier factor que lo amenace.

Por otro lado, hay un discurso repetitivo en las líneas del personaje de Vilca, y que tiene que ver con su afirmación y resguardo de un sistema democrático, relacionado al contexto del supuesto presidente Belaúnde Terry. Vilca recurre a la figura de lo democrático -el voto de las mayorías y su legitimidad- como única alternativa frente al poder absoluto de las FFAA y su represión, y a las acciones criminales de Sendero Luminoso. Así el maniqueísmo es claro: los malos representando su caos y terror desde la misma intensidad, ya sean de las FFAA o de SL, mientras el lado bueno queda ejemplificado en aquel que confía en la democracia- incluso si es un tipo de democracia que nos lleva a repensar el contexto de actualidad donde Keiko Fujimori tiene un 42% de intención de voto, pero ese es otro tema-. Si la mayoría manda estará bien, y es una gran salida al terror.

lunLa Última Noticia (Perú, 2015) es una película elaborada desde grandes rasgos o esquemas: el mal encarnado por Sendero y las FFAA, casi sin la necesidad de colocar una balanza y ver cuál es más cruel que el otro. Hay una secuencia de montaje paralelo donde no se distingue quién mata más, porque a Legaspi no le interesa hacer un juicio de valor del pasado histórico de estos dos bandos en la denominada guerra interna. A Legaspi le interesa una condena al terror venga de donde venga, su lucha es contra el terrorismo o el horror del mundo. Por eso también la necesidad de recurrir a una metáfora metaficcional, de la ambigüedad física o territorial, ya que se trataría de Huamanga, Huanta o alguna otra ciudad de Ayacucho, como lo que señala la letra de la canción que canta Daniel Lazo. Inventar un pueblo permite la abstracción, la sensación de que estamos inmersos en este cuento de horror, cuyas fronteras son simples ficciones y que hay que tomar como tal.

Hay momentos de La última Noticia que permiten mirar al pasado anterior a Sendero Luminoso como mejor: desde un nostálgico e inmenso fuera de campo.  Desde esa Lima que se percibe desde la radio o desde la neblina, desde ese sueño de democracia impartida y regentada desde la capital, desde esos días anteriores a la boda y matrimonio donde la vida era color de rosa, sin reformas agrarias ni demandas campesinas. Es decir, más que dejar preguntas del porqué surge el horror, lo que el film intenta responder es cómo cambia el imaginario de un personaje en su normalidad: más que el rechazo a la irrupción del horror ejercido por un pueblo devastado, desde la nostalgia, la película se concentra en Vilca, quien cobra conciencia de lo social desde el crimen que presenció en una comunidad; antes de eso solo registraba performances de músicos y el estado social le era indiferente. ¿Más bien, quién es Vilca? ¿Con quiénes se identificaría?

La puesta en escena que avanza por momentos distante – la boda estilizada y la matanza del alcalde en la comunidad, casi narradas desde un ojo que apenas quiere intervenir- permite ratificar las contradicciones en torno a aquello que se quiere visibilizar, los que sufren en las sombras y los que persisten en la normalidad sobreviven.

Para terminar, y ya como un apunte extracinematográfico, me interesa responder en qué reside esa necesidad de llamar a un tipo de cine como necesario. Lo menciono porque cada vez que surge un film con temática que implique SL, MRTA, Tarata, o lucha armada, fluye un sentimiento de verlo como un documento didáctico que funciona como CD ROM de una memoria colectiva perdida. “Hay que verla para ver lo que pasó”, “así fue y nos sirve para darnos una idea”, etc.; lo que termina ahogando la película en algo que no es, en una interpretación plana donde priman los grandes temas y buenas intenciones.

La respuesta puede ser amplísima, pero sí queda claro que persiste en el periodismo cinematográfico y en algunos columnistas una necesidad de quedarse en la simple superficie de una película que sí ofrece puntos de discusión pero no por su gran tema de presentarse como “un film que deberían ver todos los escolares del Perú”, sino porque permite poner en discusión estas contradicciones en torno al lugar ideológico desde donde se narra y se representa. Menos mal La Última Noticia permite un ejercicio como este, y que escapa a ese pobre encasillamiento de “cine necesario”.

Fuente: OTROSCINES/PERÚ.