La universidad estancada

Por: Pável H. Valer Bellota

Cuando se fundó en 1692 la Universidad del Cusco fue concebida como una institución oscura, destinada al adoctrinamiento de la élite en las mejores formas de implementar y administrar el modelo colonial. Permaneció así mucho tiempo, anclada en el pasado, incluso después de la declaración de la independencia del Perú en 1821.

Aquel modelo lóbrego fue estremecido por la Reforma Universitaria de 1909. Una huelga de los estudiantes cusqueños consiguió que la universidad deslinde con los modelos coloniales y se libre del imperio de docentes conservadores. Con el impulso de la Reforma, la defensa de los pueblos indígenas, el anti centralismo, el regionalismo político y económico –ideas surgidas en la UNSAAC– se hicieron vigentes en el debate peruano. La universidad se vinculó a los movimientos populares que planteaban nuevos paradigmas a favor de los intereses del Cusco,

La Reforma Universitaria proyectó su influencia provechosa casi por cincuenta años, pero ese ímpetu vigoroso se fue apagando paulatinamente. A mediados de los años 70 la UNSAAC fue envuelta en un torbellino de contiendas que enfrentaron a los defensores de la dictadura militar contra buena parte de los estudiantes, profesores y administrativos que se organizaron en grupos de una variada gama. En esta pugna “ganaron” en la práctica las posturas –compartidas por ambos bandos en disputa– que señalaban que la universidad debía servir únicamente a proyectos particulares, y que las labores de educación, investigación y la escasa producción científica, debían subordinarse a sus ideales. La universidad fue reducida a un mero instrumento político cuyo resultado fue la disminución de su actividad investigadora y de su calidad académica.

La reforma neoliberal de los años 90 propició un mediocre modelo de “universidad-empresa”, que sigue implementándose ahora. El conocimiento fue reemplazado por la actividad sencillamente monetaria, subordinada a los intereses del mercado, por el llamado “saber capitalizable”, para el que interesa la actividad académica sólo si da rédito económico inmediato.

La falta de un proyecto universitario fue agravada por la huida de la Política de los claustros. Al periodo de alta politización y radicalización de los años 70-80 le siguió un tiempo en el que surgieron en la UNSAAC diferentes grupos de poder que, abjurando de las ideologías modernas, sin un programa ni una visión clara y sin más interés que su propio beneficio, condujeron a la actual crisis de la universidad. Desde entonces se hicieron abundantes la baja calidad académica, la inoperancia administrativa, la inestabilidad institucional y la pérdida de contacto con la sociedad. Hoy, el resultado de ese cóctel dañino es una universidad sin rumbo ni aspiración, que camina por inercia.

Esta institución a la deriva recibió en el 2015, sin ninguna crítica importante, la nueva ley universitaria. Sin un proyecto universitario coherente, aquellos grupos de poder no fueron capaces de defender la autonomía universitaria, ni planear una universidad que sirva al desarrollo regional. En la actualidad un buen sector de ellos atina solo a acatar, sin chistar, las ordenes del centralismo limeño dictadas por la Superintendencia de Universidades. Como una cuadrilla obediente, por ejemplo, no invierten los gigantescos importes para la investigación, provenientes de las regalías, el canon minero y del gas. En lo que va del año no han aprobado ni un solo proyecto de investigación financiado con esos fondos.

El estancamiento de la UNSAAC ya no es causado primordialmente por la escasez de recursos económicos. Es ocasionado más bien por que los grupos de poder que actúan a su interior no tienen un proyecto de universidad moderna al servicio de las necesidades regionales, ni un modelo de gestión efectiva, participativa y democrática. Es causado por la inexistencia de planes serios que favorezcan la calidad en sus funciones. No hay inversión en capital intelectual.