Una oportunidad para construir un nuevo país

Ilustración: Juvenal Zamalloa Aguirre        

Por: Wilson Chilo Luna

 
 

Las situaciones de crisis son también oportunidades cuando la fuerza de la gente, su indignación y esperanzas se convierten en el motor de una sociedad. También en el caso presente, junto a lo peor, la pérdida de vidas y bienes, temas como el ordenamiento territorial, la descentralización, la lucha contra la corrupción y la reivindicación de valores son puestos sobre la mesa, junto a la necesidad de voluntad política y una mayor presencia de la ciudadanía para abordarlos.

El fenómeno del niño costero y este brusco cambio climático nos ha dejado un saldo de 939 mil 713 personas afectadas, 101 fallecidas y 19 desaparecidos y el gobierno se ha visto obligado a declarar en emergencia 818 distritos y 97 provincias (Datos según el último reporte de INDECI). Estas consecuencias nos enrostran, otra vez, que no ha habido planificación y que la nueva construcción debe realizarse sobre un ordenamiento territorial que permita planificar y alcanzar un desarrollo sostenible tanto de las zonas urbanas como de las rurales. En esta coyuntura el ordenamiento territorial es más que nunca urgente y debe ser impulsado de manera democrática e informada.

Otra agenda pendiente o inconclusa que deberá levantarse es la descentralización, un proceso que sigue evidenciando sus deficiencias a nivel de capacidades y autonomía en la toma de decisiones de los gobiernos regionales y locales. ¿Cómo es posible que de los 28 proyectos de inversión del Gobierno Nacional destinados a las defensas ribereñas solo se concluyeran tres, mientras que 13 tienen avances de ejecución inferiores al 1%? ¿Cómo es posible que el Gobierno Regional del Cusco solo ejecutara un millón de los 13 millones que tenía destinados para prevenir y atender emergencias?

Finalmente, entre las falencias que han saltado a la luz y que requieren una respuesta política y técnica está la de un serio compromiso de lucha contra la corrupción, sino todo esfuerzo será en vano: los puentes se seguirán cayendo, las autoridades siendo denunciadas y las grandes empresas privadas como Odebrecht seguirán haciéndose ricas a costa de las necesidades de la gente. El ejemplo de Cusco a este respecto es claro: por casos de corrupción todavía no tenemos el hospital Antonio Lorena, la industrialización del sur a partir del gas sigue siendo un sueño y existe la posibilidad que se desplome el proyecto del Aeropuerto Internacional. Como un huaico, la corrupción ha frustrado los proyectos más importantes de nuestra región.

La actual coyuntura del país nos brinda pues una oportunidad: no la de una reconstrucción solo de cemento, dirigida a meros “consumidores” o “emprendedores”, sino una que haga justicia a la grandeza de nuestros pueblos. El país necesita mirarse y reconocerse en su diversidad en territorios y culturas. Valores como la solidaridad –expresada estas últimas semanas- nos dicen que no estamos solos, que hay un colectivo que tiene necesidades, sueños y aspiraciones comunes, y que está dispuesto a construir un nuevo Perú sin la desigualdad, el racismo y los intereses privados que se han impuesto en el pasado al interés de la mayoría.

Publicado en la edición impresa N°08

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