28/09/2020

Año 1990: El caso Cashahui, violencia y dolor en Chumbivilcas

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Por Gloria Cano (APRODEH)

Hoy miércoles 28 de junio a las 3 y 30, se dictará sentencia en el caso de la masacre de Chumbivilcas, ocurrida en abril de 1990. Huacullo, Quiñota, Casahui, Accacco, Ranrapata, estos pequeños poblados ubicados entre los departamentos de Apurímac y provincias altas de Cuzco cuya población es quechua hablante, históricamente discriminados por el Estado.

Nuestra sociedad tiene una deuda histórica con estas comunidades, fueron víctimas de esta barbarie impulsada por una patrulla militar, cual caravana de la muerte se trasladó sembrando terror y dolor.

La patrulla pertenecía a la base de Antabamba-Apurímac, cuyo jefe era Jaime Pando Navarrete, desde dicha base partió la patrulla militar identificada con “Raya” al mando del oficial Olivari Medina teniente «negro» en una misión de buscar información sobre la subversión, la patrulla llega a Huacullo 20 de abril para luego proseguir un itinerario de muerte. El resultado de esta operación fue la desaparición forzada de 6 pobladores de quienes hasta el momento se desconoce sus paradero: Máximo Huamanga, Quíntín Alférez Cjuro, Telésforo Alférez Achinquipa, Gregorio Huisa Allcahuamán, Toribio Achinquipa Pacco y Dalmacio Carcahuana.

El homicidio de 10 pobladores: Jesús Jauja Sullo, Julio Huamaní Huisa, José Eusebio Huamaní Charcahuana, Julio Apfata Tañire, Eustaquio Apfata Salhua, Juan Huisa Pacco, Zenón Rosas Huisa Pacco, Marcos Zacarías Huisa Llamocca, Gregorio Alférez Triveño y Marcos Torres Salhua; quienes luego de ser detenidos y torturados para que identificaran como supuestos subersivos son trasladados al cerro Capuyuyo donde fueron ejecutados. De igual manera detuvieron a Víctor Huachaca y Balbino Huamani, ambos fallecieron producto de las torturas a que fueron sometidos (golpes, ahogamiento en el río, y la ingesta de un líquido extraño) mientras que las pobladoras mujeres fueron violentadas sexualmente.

El Estado en los años noventa no investigó, las autoridades no se movilizaron, dejaron en impunidad estos hechos. La vicaria de Sicuani, Aprodeh y muchos activistas estuvimos al lado de las familias hasta lograr que se reabra la investigación y se logre judicializar.

Luego de un largo proceso hoy el Poder Judicial tiene la oportunidad de sancionar a los responsables. Los acusados niegan los hechos y con ello el paradero de los desaparecidos, pero las pruebas son contundentes, documentos, testimonios, reconocimiento. Luego de 27 años, las esperanzas de justicia se vuelve a encender, pero, las familias no estarán en el acto de lectura de sentencia, ellas viven en sus poblados, y es muy difícil llegar a Lima.

No hay forma de pagar el daño causado, viudas truncadas, arrebatadas, dolor infinito.

Doña Ágata Chequera esposa de Dalmacio Charcchahuana expresó: «Caminé día y noche gritando el nombre de mi esposo, solo los ecos de los cerros me respondían, cuando regresé a mi casa encontré a mis hijos muy mal, con hambre y frío, desde ahí ando como tonta , paro enferma, no sé qué me pasa, mis hijas se quedaron sin estudiar, todas llorábamos, no queríamos comer, queríamos morir, sólo hemos vivido con la esperanza de que mi esposo retornaría algún día».

«Yo ya no soy un ser humano, parezco un animalito, esos soldados me hicieron mucho daño hasta ahora que tengo mi esposo sigo cargando mi cruz , mi esposo constantemente me recuerda y echa la culpa, intenté matarme, no sé cómo estoy viva, sólo descansaré cuando muera por qué no voy a olvidar todo el daño que me hicieron los soldados , no tuvieron misericordia conmigo». Víctima de violación sexual.

La presencia en la sala penal nacional en representación de las familias es necesaria, que se sepa que no están solas que estaremos siempre a su lado luchando por justicia por la dignidad mellada.

Quieres conocer más sobre el tema, acá el informe -sobre el caso- de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR): CVR – CHUMBIVILCAS Cashahui