Por sus condiciones y antepasados ¿Cómo se identifica usted?

Claudia Farfán Valer

Censo Nacional 2017

Asumir una identidad étnica no es una tarea fácil. La identidad en sí es un concepto espinoso, compuesto tanto por elementos concretos y observables, como también por elementos simbólicos, formas de pensar y maneras de comprender el mundo.

Aunque la complejidad no se debe tan sólo a los elementos no concretos de la identidad, sino también al hecho de que ser portador de un elemento indígena no necesariamente te convierte en uno, ni viceversa. Es decir, hablar matsiguenga no te convierte ipso facto en un nativo amazónico, ni usar una computadora te hace menos indígena. Entonces, los grupos étnicos no existen por sus características, observables o no, sino más bien por la relación que tienen con sus culturas y por la capacidad que tenemos de autoidentificarnos como parte de un grupo diferente a otros.

Además, como si no bastará con ese nivel de complejidad, la identidad es intrínsecamente dinámica. Las identidades están sujetas a cambios constantes de contexto, responden a procesos históricos, políticas públicas e incluso voluntades políticas que, con intención o no, tienen impacto en la manera en la que asumimos quienes somos.

Para colmo, en nuestro tiempo las fronteras entre las identidades étnicas son difusas. Los medios de comunicación y las crecientes relaciones de interdependencia, han achicado las distancias culturales. En consecuencia, las personas tenemos más de una identidad y solemos saltar entre una a otra con facilidad, sea por necesidad o por gusto.

A pesar de todas estas complejidades, el estado peruano ha asumido el deber de reconocer y cuantificar a la población indígena por un nuevo criterio: la autoidentificación. El Censo Nacional 2017 va a incluir una pregunta que dice así:

Por sus condiciones y antepasados ¿Usted se siente o se considera quechua, aymara, nativo o indígena de la amazonía, perteneciente o parte de un pueblo indígena u originario? ¿Negro/moreno/zambo/mulato/pueblo afroperuano o afrodescendiente? ¿Blanco, mestizo, otro?”.

Los representantes del Estado, de movimientos indígenas y otros movimientos reivindicatorios, parecen tener claridad en cuanto al objetivo de incluir esta pregunta en el censo: saber cuánta población indígena hay, donde se ubican, los servicios a los que acceden y las políticas públicas que requieren. A lo que se suma brindar visibilidad y resaltar la necesidad de políticas públicas con enfoque intercultural.

En fin, el discurso detrás de la inclusión de esta pregunta en el censo, es que al asumir una identidad indígena se abrirá la posibilidad de acceder a políticas públicas focalizadas y a más derechos, pero ¿la realidad es así?

Diariamente vivimos situaciones discriminatorias, racistas y excluyentes frente a diferentes tipos de expresiones indígenas. En casi 200 años de historia republicana, de 60 presidentes solamente uno se reivindicó indígena. De 130 congresistas, la cuota indígena no supera el 10%. En general, las brechas por motivo étnico en acceso a salud, educación y servicios, son sorprendentes. Por ejemplo, ser indígena te hace entre 10% y 20% más pobre que una persona no indígena. Ser amazónico significa 50% menos de acceso a agua, alcantarillado y electricidad en relación a la población no indígena. Y ser quechua o nativo amazónico significa 40% menos de tasa de alfabetización. A esto hay que sumarle los prejuicios cotidianos naturalizados en medios de comunicación y espacios públicos. Entonces, ¿qué tan fácil es pedirle a un indígena que se asuma como tal, cuando es evidente que eso lo pone en una situación real de desigualdad?

Una vez que el estado incluye la pregunta de autoidentificación étnica en el censo, pareciera que la bola está en la cancha de la población. Se recalca el deber y la responsabilidad de los pueblos indígenas de asumir su identidad, pero no se muestran las condiciones reales que a diario los empuja a aculturarse para poder acceder a derechos, a condiciones de vida más deseables o para evitar ser discriminados.

Celebramos este paso histórico para los pueblos indígenas, pero también debemos reconocer que estamos en frente a un país roto y vuelto a romper, y que para lograr que los grupos indígenas asuman e interioricen una identidad étnica, deberemos atravesar procesos históricos, sociales y políticos, que doten de condiciones más justas que lo posibiliten y promuevan.

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