La evaluación de calidad docente

Por Bruce Medina 

 

La punta del iceberg

En los últimos meses la huelga del magisterio a centralizado la agenda pública nacional, sobre todo, por la incapacidad del gobierno en tejer puentes entre ambos sectores y no tener mayor manejo político en la solución de conflictos, lo cual nos ha llevado a una situación de ingobernabilidad muy alarmante, hasta el punto de creer como algo, no muy remoto, casi posible, la vacancia presidencial.

Son muchos los aspectos controversiales en esta situación, pero la que en la última semana ha llamado más la atención de la mayoría de analistas políticos, ciudadanos, docentes y el mismo gobierno es la “evaluación de calidad docente”. Este punto tan controversial fue la manzana de la discordia que llevó a patear el tablero en las negociaciones.

Por un lado, podemos echar la culpa sin mayor reparo a los docentes que no quieren –o eso es lo que nos dijeron- ser evaluados, pero, por otro lado, creer que los docentes que no quieren ser evaluados de cierta manera propuesta por el Ejecutivo aludiendo que las rubricas de evaluación en aulas no se acomodan a la realidad peruana y que por más oportunidades (tres) que se dé al maestro para superar esta prueba con el apoyo de capacitaciones, el resultado seguiría siendo el mismo.

Sobre este último punto de vista –que a mi parecer es el más acertado- es necesario levantar la mirada para ver más allá del conflicto latente, porque si nos ponemos a analizar con mayor detenimiento este problema vemos que existen factores intervinientes con mucha firmeza y que hacen que no sea posible una verdadera reforma “educativa” sin considerar aspectos tan importantes como la desnutrición infantil, el acceso equitativo a la educación, la infraestructura, y la calidad de nuestras Facultades de Educación en Universidades e Institutos Superiores Pedagógicos.

Si creemos que el último escalón por superar es la evaluación docente para resolver el problema del sistema educativo en nuestro país, nos estaríamos mintiendo –y vaya que nos gusta mentirnos-. De qué nos sirve tener profesores evaluados constantemente, con resultados negativos o positivos, con capacitaciones constantes que demandan mayor gasto al Estado y que en realidad no demuestran –porque hasta ahora no lo ha hecho- una mejora en la calidad educativa, si los estudiantes que se convertirán en futuros docentes no son capacitados para enseñar con calidad.

Desde hace muchos años que las Facultades de Educación en nuestras universidades vienen siendo olvidadas, que por más esfuerzos que se hicieron para mejorar la calidad de las universidades, simplemente se olvidó apoyar mediante un principio subsidiario a esta carrera que viene agonizando año tras año.

Un ejemplo es la Universidad Andina del Cusco en donde podemos ver que del año 2014 al 2016 tan solo han egresado 26 estudiantes de la Carrera de Educación y al 2016 tan solo se ven matriculados 33 alumnos en toda la Carrera Profesional. Si bien como indica el MINEDU en su Plan Estratégico Sectorial Multianual 2007-2011, la educación privada universitaria solo refleja el 24% del total de estudiantes de la Carrera de Educación, ésta sigue siendo una cifra alarmante, por la poca cantidad de docentes con preparación universitaria y la inevitable sobrepoblación de docentes con nivel técnico.

Si el enfoque sería preparar a docentes desde las aulas universitarias con calidad, no sería nuestra primera preocupación la evaluación de docentes y pasar a un ambiente más trascendental de debate. Si el Estado estaría enfocado en acreditar a las Facultades de Educación y hacer más llamativa esta carrera profesional, no nos preocuparíamos tanto en la calidad de los encargados de enseñar a los niños y niñas del Perú, sino en las condiciones en las cuales estos pueden enseñar con mayor facilidad.

Estamos en un momento crucial para tomar decisiones que puedan resultar en una verdadera reforma educativa. Que sirva esta crisis política y social para en primera medida solucionar el problema de quienes ahora ejercen la docencia y, tomar decisiones para que estos problemas no persistan en los futuros ciudadanos que ejerzan la docencia y salgamos de una vez por todas en este círculo vicioso que nos condena por más de 50 años.

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