Pulso Regional – Editorial N° 25

Hemos entrado otra vez a un escenario de incertidumbre, disputa de poderes y un episodio más de la crisis política e institucional que atraviesa el país. El gobierno de Martín Vizcarra se va quedando sin opciones y herramientas para avanzar con su propuesta de reforma política y lucha contra la corrupción. La figura de la cuestión de confianza no garantiza que estos debates avancen, el Congreso de la República y su mayoría fujiaprista no quieren cambios y debates, para mantener su margen de maniobra y poder, necesitan seguir blindando a sus aliados. Dado de esta forma, va continuar el enfrentamiento entre ambos sectores, con amenazas de cierre de Congreso, vacancia presidencial, procesos en el Tribunal Constitucional; cuanto más tiempo avanza, cada sector se va debilitando y va llevando al país a una crisis sin salida.

Mientras todo esto viene copando los titulares de los medios nacionales y el interés de la opinión pública, en el interior del país hay una serie de agendas que están siendo postergadas; la reconstrucción del norte está estancada; la agricultura como actividad de desarrollo y lucha contra la pobreza no es parte de la visión de este gobierno; al sector que le han dado prioridad es a la actividad minera, desde el Ejecutivo se ha actuado como bombero, a cada conflicto en el corredor minero del sur se ha ido a conformar una mesa de diálogo en donde la única solución es dar dinero para proyectos de inversión.

Los actores que están llevando al país a una crisis sin salida es el Ejecutivo de Vizcarra y el Congreso fujiaprista; los movimientos sociales, la sociedad civil, las organizaciones de izquierda no están logrando poner una agenda y plantear reformas más profundas, más allá de los parches de la Reforma Política; reflejo de esa debilidad es que la convocatoria a jornadas regionales o nacionales no tienen los efectos esperados, la ciudadanía es una espectadora de esta crisis, envuelta en desconfianza y rechazo hacia la política; esa característica de la crisis es lo más preocupante, llegar al Bicentenario de la República otra vez con un Estado a espalas de los peruanos.

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