La universidad en Apurímac: Licenciamiento y retos de la UNAMBA*

*Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac (UNAMBA), fue la primera universidad pública de la región, creada en el año 2000.

Por: Karina Bueno y Enver Quinteros
Asociación Pro Derechos Humanos- APRODEH

Hacia mediados del siglo XX las universidades en el Perú eran contadas pero ofrecían una importante calidad educativa y una sustantiva articulación con las problemáticas de la sociedad. No obstante, desde los años 60 y 70s en adelante, las universidades se multiplicaron en número, pero fueron recibiendo menos recursos económicos, lo que empezó a afectar su calidad formativa. Si bien su articulación con la sociedad siguió siendo importante, ésta fue marcada por un contexto altamente ideologizado que resultó en el surgimiento de diversos partidos políticos, que -como en el caso de Ayacucho- fueron espacios que Sendero Luminoso aprovechó y manipuló, y que conllevó a un periodo de violencia que se tradujo en violaciones a derechos humanos de miles de estudiantes y un conjunto de daños materiales, económicos y académicos.

Luego, durante el fujimorismo y el presente siglo, bajo las políticas neoliberales en boga, la universidades experimentaron su mayor declive. Con un Estado ausente que regule y garantice el derecho a la educación superior, la universidad nacional fue desprotegida y la privada se convirtió en un campo de negocio. No solo se multiplicaron, sino que abandonaron de sobremanera la calidad educativa, la investigación y su articulación y preocupación por los problemas de la sociedad. Así, la universidad terminó convertida en un espacio de lucro, pero también en una instancia que se centró solo en formar emprendedores antes que profesionales integrales y humanistas conectados a los problemas de la sociedad.

< < Con un Estado ausente que regule y garantice el derecho a la educación superior, la universidad nacional fue desprotegida y la privada se convirtió en un campo de negocio>>

Es en este contexto que se crean y se desarrollan las universidades en Apurímac. Como en el resto del país, bajo el “mito del progreso”, un gran sector de la población dejó de migrar a Cusco, Ayacucho, Arequipa o Lima para quedarse a estudiar en su región, después de exigir, vía luchas sociales y al amparo del Estado, la creación de la Universidad Tecnológica de las Andes – UTEA en 1984, la UNAMBA en el 2000 y Universidad Nacional José María Arguedas – UNAJMA en el 2004. Además, otras universidades abrieron sus instalaciones, como la Universidad Alas Peruanas (2007) u “oficinas de parte” de la César Vallejo, Telesup o instituciones estatales como San Marcos y La Cantuta.

Siendo tan nueva la universidad en Apurímac no es de extrañar que uno de sus retos mayores sea lograr su institucionalidad, asentar bases serias para su calidad académica y proyectar su articulación con la sociedad regional y su desarrollo. Cumplir estos objetivos, incluso solo el primero, no sería sencillo si consideramos el contexto nacional en el que se gesta y desarrolla. De hecho, si hacemos un balance general podemos concluir que, como universidad en su conjunto, el balance es negativo. Ante este desalentador escenario de la universidad peruana, el Estado, buscando corregir su abandono, inició un proceso sustantivo de reforma a través de la aplicación de la Ley 30220 promulgada el 2014. En el marco de ésta se crea la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria – SUNEDU y se inicia el licenciamiento de las instituciones. Éste es un proceso técnico que exige a las universidades demostrar Condiciones Básicas de Calidad para su funcionamiento. Dado el drama universitario, resulta claro apoyar este proceso no solo por la sociedad regional, sino y sobre todo por la comunidad universitaria de la UNAMBA y UTEA -pendientes de licenciamiento. La UNAJMA logró dar ese paso en el 2017.

<< Siendo tan nueva la universidad en Apurímac no es de extrañar que uno de sus retos mayores sea lograr su institucionalidad, asentar bases serias para su calidad académica y proyectar su articulación con la sociedad regional>>

No obstante, en la comunidad universitaria de la UNAMBA vemos un conjunto de actores y problemas que no encuentran caminos y soluciones para avanzar más y mejor en dicho proceso. La precariedad institucional con la que nace ha impedido que ningún rector termine su mandato y que existan intereses de grupos de poder en disputa, reversión de presupuestos, corrupción o incluso problemas de discriminación racial por razón de procedencia (“abanquinos vs puneños”). Todos estos problemas impiden y obstaculizan avanzar con los compromisos asumidos en el proceso de licenciamiento, sobre todo, con los plazos para levantar las observaciones en el marco del Plan de Adecuación presentada a la SUNEDU, que vence en octubre.

Esto, sumado a la confusa información sobre los avances y dificultades en torno al proceso, de la que son responsables la propia comunidad universitaria -además de sectores de gremios y periodistas y el propio gobierno regional- han llevado a generar una enorme preocupación social en Abancay que se tradujo en el desarrollo de un paro, movilización y conformación de mesas multisectoriales con participación de diversos sectores sociales interesados, pero ajenos a las particularidades de la problemática universitaria que no advierte soluciones reales al problema.

Quedando claro que la preocupación no es menor, pues está en juego los destinos de la primera casa superior de estudios estatal de Apurímac, resulta urgente que los actores involucrados en esta problemática alienten el diálogo y posibiliten la identificación de las soluciones menos complejas y dramáticas para evitar que el conjunto de la universidad termine afectada. No obstante, si bien esta agenda es de urgente atención, debe serlo también seguir trabajando y pensando permanentemente en una universidad regional que vuelva a conectarse con su territorio, sus problemas, procesos, agendas y colectividades. Y sobre todo, una universidad que garantice el derecho a tener una educación superior gratuita y de calidad.

El miércoles 12 de junio se realizó en Abancay un paro preventivo de 24 horas, en rechazo a la corrupción y en respaldo a la Universidad Nacional Micaela Bastidas de Apurímac. Se pedía la renuncia de varias autoridades universitarias, incluyendo el rector, así como una auditoría administrativa y la presencia de la SUNEDU y el Ministerio de Educación.

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