La trata de personas y su relación con la minería en la región Cusco

Por: Centro Yanapanakusun

Según el Ministerio del Interior, desde el año 2009 hasta el año 2017 se registraron un total de 5793 denuncias por trata de personas, de las cuales, sólo 58 terminaron en una condena efectiva. A nivel regional, Cusco se sitúa como la cuarta provincia del país con mayor número de víctimas de trata de personas, siendo las denuncias por trata con fines de explotación laboral las de mayor porcentaje.

«…desde el año 2009 hasta el año 2017 se registraron un total de 5793 denuncias por trata de personas, de las cuales, sólo 58 terminaron en una condena efectiva.»

La impunidad con la que se comete este crimen en el país en general, y en los entornos mineros en particular, fue debatida en el conversatorio «Mujeres, trata y minería», realizado el viernes 19 de julio en el Centro Yanpanakusun, en alianza con Derechos Humanos Sin Fronteras. El evento reunió a 30 líderes comunales de las provincias de Espinar, Chumbivilcas y Paruro y se realizó con la finalidad de empezar a incluir la trata de personas como uno de los efectos sociales más negativos de esta actividad extractiva. El conversatorio contó con la participación del ex alcalde de Espinar, Óscar Mollohuanca, la psicóloga e investigadora, Melissa Wong, y la especialista en trata de personas y género, Claudia Farfán.

Las y los líderes comunales corroboraron la existencia de casos de trata de explotación laboral y sexual en sus provincias en los entornos mineros.
El ex alcalde de Espinar, Óscar Mollohuanca, puso sobre la mesa la urgencia de incluir la trata de personas en las agendas políticas de los gobiernos locales de zonas mineras. En la actualidad, este delito es abordado como un problema aislado, sin embargo, es un hecho que los puntos mineros alrededor del país son focos de trata de personas a todo nivel.

«…Cusco se sitúa como la cuarta provincia del país con mayor número de víctimas de trata de personas.»

En el caso de Espinar, la población se vio impactada desde el año 1985, con la aparición de la empresa minera Tintaya. En los años previos al funcionamiento de la actividad extractiva, la construcción de los campamentos empezó a provocar cambios en las dinámicas sociales de la población. En esta misma provincia, Derechos Humanos Sin Fronteras realizó un estudio sobre el impacto psico- emocional de la minería en las mujeres. Entre sus hallazgos destaca el alto nivel de preocupación de las mujeres por sobrevivir cada día, la mayoría de las entrevistadas afirmaron no saber si iban a ser capaces de seguir alimentando a sus hijos al día siguiente. Así mismo, resaltó la preocupación por los ingresos económicos, pues la minería beneficia a los varones más que a las mujeres, quienes se quedan en la comunidad solas mientras éstos trabajan en los campamentos. Mucho del dinero que los varones ganan es gastado en alcohol y apenas generan ingreso para la economía del hogar. Se encontró que hubo también un incremento en la violencia hacia la mujer y en la ruptura de la familia nuclear. Este aislamiento, la permanencia de pobreza y el quiebre de la estructura comunitaria generan depresión en la mayoría de las mujeres.

Un hallazgo particularmente preocupante fue que esta actividad desintegraba los tejidos sociales al generar desconfianza entre familiares y vecinos por la venta de terrenos o el apoyo corrupto a las mineras.

La evidente desventaja en la que se encuentra la mujer en comparación al varón a nivel global, se intensifica en las zonas mineras. Este contexto es propicio para la trata de personas y sin embargo es un asunto que ni siquiera se identifica como tal entre los pobladores.

» …la brecha entre pobres y ricos se hace más profunda en zonas mineras donde la opulencia de algunos encierra la explotación de muchos otros.»

Claudia Farfán, quien ha trabajado en Puerto Maldonado, dijo que usualmente las víctimas de trata vienen de contextos de extrema pobreza, además, la brecha entre pobres y ricos se hace más profunda en zonas mineras donde la opulencia de algunos encierra la explotación de muchos otros. La distribución de la riqueza se da de manera muy desigual. Igualmente destacó que los niveles de corrupción aumentan, haciendo casi imposible que una víctima de trata que ha logrado salir de ese mundo encuentre justicia o incluso una ayuda efectiva de parte de la sociedad y el Estado.

La reinserción de una víctima a su comunidad, resulta otro problema más en la cadena de trata de personas, dado que mayormente sufren de rechazo por el estigma de haber sido explotadas sexualmente, hecho que potencializa la tendencia de que terminen regresando a los lugares de explotación, pues, mal que bien, son sitios donde se las acepta y ganan dinero.

Finalmente, los líderes comunales que asistieron a este evento, asumieron compromisos para empezar la lucha contra la trata de personas en sus respectivas organizaciones de base.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *