Los seis muertos con COVID-19 en Cusco

Tres turistas y tres cusqueños han fallecido con COVID-19 en la región imperial. Los dos últimos decesos ocurrieron el miércoles y viernes. Mientras que hay 630 infectados.

El contagio crece a cada rato. La fase 3, de contagio comunitario, del coronavirus «disparó» la cantidad de casos confirmados en Cusco. La Dirección Regional de Salud (Diresa) confirmó 630 infectados. En menos de cinco días la cifra pasó de 200 a 630.

Nueve pacientes no críticos están hospitalizados en Sala COVID, mientras que dos enfermos críticos están internados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital Contingencia-Antonio Lorena. Desde que llegó el primer caso, casi 200 pacientes vencieron al virus y recibieron el alta epidemiológica.

El escenario 3, como lo llaman los epidemiólogos, es cuando hay brotes regionales que implican una dispersión más que aritmética del virus. Eso parece estar ocurriendo en Cusco, donde el virus ya ha matado a seis personas: tres turistas y tres cusqueños.

Sexta víctima

Ayer, a las 12.45 horas, murió una mujer de 61 años que tenía coronavirus y cáncer en fase terminal. El melanoma había hecho metástasis. Ingresó a UCI del hospital Contingencia-Antonio Lorena muy grave. Según, un comunicado del hospital tenía shock séptico y falla múltiple orgánica. Estuvo hospitalizado con soporte ventilatorio y hemodinámico avanzado. «Los casos relacionados con infección COVID-19 y cáncer terminal no hacen más que confirmar que este tipo de pacientes tienen posibilidad extremadamente baja de sobrevivir cuando son infectados», precisa el hospital.

Quinta víctima

El miércoles, a las seis y treinta, falleció una paciente de 59 años contagiada con coronavirus y también padecía de neoplasia gástrica en fase terminal. El jefe de Inteligencia Sanitaria de la Diresa, Pablo Grajeda, dijo que la mujer tenía cáncer. La mujer llegó al hospital con signos de falla ventilatoria severa y tomografía compatible con «severo compromiso por infección COVID-19 y shock séptico refractario a tratamiento vasopresor». Estuvo hospitalizada dos días con ventilación mecánica e intubación.

Cuarta víctima

Antes, el 25 de abril, un transeúnte murió en una vivienda en la comunidad campesina originaria Willoq del distrito de Ollantaytambo (Urubamba). El varón llegó caminando, posiblemente desde el vecino distrito de Vilcabamba (La Convención). Anduvo durante varios días por las calles de Ollantaytambo hasta llegar a Willoq, donde un comunero amablemente le ofreció posada. Cuando murió se encendieron las alarmas. Tomaron muestras al cadáver y, tres días después, salió el resultado: positivo. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Nunca se conoció su identidad y tampoco nadie reclamo su cuerpo. Una muerte triste y un adiós en soledad.

Tercera víctima

La tercera víctima del virus de Wuhan en Cusco fue un turista irlandés. Falleció la mañana del 2 de abril en UCI del hospital de Contingencia. El fiscal de Prevención del Delito, Eduardo Poblete Barberis, confirmó el deceso. Su cuerpo fue protegido herméticamente. Luego llevado a un crematorio. Así acabó su vida.

Segunda víctima

Eran las tres de la mañana del 27 de marzo. Un turista chino fue encontrado muerto en una habitación interior del hospedaje Cusco Jungle, en la calle Hospital del Centro Histórico de Cusco. Tenía 66 años. Llegó de Hong Kong y había visitado algunos sitios turísticos de la región. Murió solo y lejos de su hogar. Se aplicó al cadáver la prueba de descarte para COVID-19. Estaba infectado, pero no figuraba ni siquiera en el registro de casos sospechosos de la Dirección Regional de Salud. Su esposa recibió sus cenizas y regresó a China.

Primera víctima

Martes, 24 de marzo. Un anciano mexicano de 76 años, que había legado a Cusco a conocer las maravillas incas, murió después de pelar contra el COVID-10 en UCI del hospital Contingencia. El abuelo tenía problemas cardíacos, hipertensión y diabetes. No aguantó a esas enfermedades y los efectos del virus. Su cuerpo fue cremado. Su esposa, casi dos semanas después, volvió a México cargado de tristeza y las cenizas de su esposo en una arqueta. Fue la primera víctima del virus en tierras incas.

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