Educación sin igualdad

Lizandro camina cinco kilómetros cada día para buscar la señal de radio y escuchar las clases “Yo aprendo en casa”. No todos somos iguales en el Perú ni el acceso a educación es igual para todos. 20 % de niños no tiene acceso a radio, televisión e Internet. Las distancias sociales que nos sobreviven.

Lizandro Aroquipa Luque camina diariamente por una áspera carretera de cinco kilómetros desde su casa a su escuela. El niño busca como si fuera un tesoro la señal de radio para escuchar «Yo Aprendo en Casa». Lizandro vive en la lejana comunidad campesina Kantati Ururi del distrito de Cojata, en la región Puno. La jornada se repite de lunes a viernes.

Pantipata y Pumahuanca son dos comunidades campesinas del distrito de Chinchaypucjio de la provincia de Anta, a cuatro horas de viaje de Cusco. Están cerca al Cusco, pero lejos de la modernidad. No hay acceso a medios de comunicación y los niños y adolescentes no pueden recibir las clases a distancia.

“No sabemos cómo enseñar a nuestros hijos. Ni siquiera hay señal ahora que por esta enfermedad no hay escuelas. Los profesores nos dicen que debemos buscar la señal y (nuestros hijos) deben hacer sus tareas, pero no tenemos celular ni dinero para comprarlo”, se queja una madre campesina, mientras contiene el llanto.

El presidente de Pumahuanca, César López Camero, reclama atención. Son 200 estudiantes que han sido excluidos del servicio educativo virtual.  A un mes del inicio de las labores, los alumnos de la comunidad no han podido escuchar ni una sola clase.

El abandono estatal

Los gemelos Alcides y Abel Chillahuani de ocho años y su primo Rusbel Chillahuani estudiaban en la institución educativa 50541 de Calacocha del distrito de Ocongate, en Quispicanchi, a seis horas de viaje en auto desde el Cusco. Caminaban una hora y media desde la comunidad Waracha hasta el colegio. Cada día desafiaban la brusquedad del frío. Alcides, el más hablador, había dicho que no tenían televisor ni radio en casa. ¿Qué será de sus vidas? Es posible que en las alturas de Waracha, donde el viento y la indiferencia golpean como puñetazos, no llegue la educación a distancia.

La vida de Lizandro, los gemelos y su primo es calco de miles de vidas pobres. Solo en la región Cusco, una de las regiones que más inversión estatal recibe, dos de cada diez estudiantes no tienen acceso a ningún medio de comunicación para recibir las clases virtuales. La representante de la Defensoría del Pueblo, Rosa Santa Cruz, sostuvo que casi 60 mil chicos no tienen acceso a radio, televisión e Internet y, por ende, la educación difícilmente llega a ellos.

“Es muy crítico cuando inclusive la radio no llega a estas zonas, menos la señal de televisión. Se necesita esfuerzos para llegar a esta población”, apunta Santa Cruz.

La población escolar cusqueña asciende a 397 mil 201 en la región imperial. La mayoría cursa primaria y secundaria. Mientras que alrededor de 54 mil están en colegios privados, 15 mil en instituciones públicas de gestión privada y el restante –la mayoría- en colegios estatales. Hay 2 mil 577 locales escolares y unos 25 mil profesores que tienen la tarea del dictado de cursos para cumplir con el cronograma escolar 2020.

“Es cierto que no se está llegando a todos, pero estamos haciendo esfuerzos para que se instalen antenas, se pague a emisoras que transmitan el programa. También estamos a la espera de que el Ministerio de Educación distribuya las tablets con Internet para entregarlos a los niños en las zonas alejadas”, explicó Ruth Baez, directora Regional de Salud del Cusco.

Alturas de Apurímac

La voz de una mujer se ahoga por el cansancio. Lleva caminando cuarenta minutos hacia la cima de un cerro en la comunidad de Hualayoc del distrito de Mara, provincia de Cotabambas, en Apurímac. Graba un video mientras narra el esfuerzo que hace una decena de niños para escalar y coronar la cumbre a tiempo para encontrar la señal de radio y escuchar las clases de “Aprendo en casa”.

“Cada uno está subiendo con su radio en busca de una educación justa (…) Abajo en nuestro pueblo, como pueden observar, no entra ni radio ni señal Internet ni nada”, explica con voz indignada y dolida. Mientras los niños sentados sobre las hierbas, en medio de piedras, con sus cuadernos en mano, escuchan las clases a distancia.

Beatriz Sullca Roque, presidenta de la Apafa de la institución educativa, se queja en quechua. “Nosotros subimos buscando señal con todos los alumnos de primero, segundo, tercero y cuarto. Queremos que nos pongan antena para que puedan estudiar y no se queden solo como campesinos como nosotros. Queremos que nuestros hijos salgan adelante”, reclama Beatriz.

El gobernador de Apurímac, Baltazar Lantarón Núñez, señaló que se ampliará la capacidad de la antena de esta comunidad. Un equipo técnico de la Dirección Regional de Transportes y Comunicación de Apurímac viajará a la zona. Además, indicó que enviará más de 1.000 tablets que tienen programas educativos a la UGEL Cotabambas para las zonas donde no llega la radio, televisión ni Internet.

“Estas debilidades están en zonas alejadas, pobres y rurales. No podemos hablar entonces de igualdad de oportunidades. Estamos negándole esa posibilidad y estamos perpetuando el círculo de la pobreza”, explica Rosa Santa Cruz.

Una importante cantidad de niños de hogares campesinos no accede a Internet, telefonía celular, radio y televisión para recibir las clases virtuales. Tampoco acceden al derecho a la educación e igualdad de oportunidades.

La educación a distancia no alcanza a todos los niños. Muestra más bien las distancias sociales que sobreviven en el Perú. El esfuerzo de Lizandro y los niños de Hualayoc, mirado desde la ciudad, parece una quijotada. Pero es una realidad cruda que el Estado siempre ignoró y ahora no hace ningún esfuerzo por superarla.

Nunca la educación fue más distante. Nunca mostró con tanta nitidez la desigualdad imperante. Mientras que en las ciudades la pelea es por la rebaja de pensiones en colegios privados, en el campo la batalla incluye el hambre, el frío y el olvido.

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