José De Echave: “Debemos construir una nueva normalidad con derechos, sin asimetrías ni centralismo”

El economista José De Echave analiza la crisis ocasionada por la pandemia en el país. Calcula que superar la recesión económica tardará dos años.  Para De Echave llegamos a un punto en el que no podemos pensar en volver a la antigua normalidad sino discutir la construcción de una nueva normalidad que garantice derechos, rompa las asimetrías y el centralismo, y convierta a las personas en el centro de las políticas estatales.

La recesión ha traído consigo varios efectos. ¿Cuáles considera que han sido los más graves?

El estado de emergencia significa la recesión de todas las economías. Eso ha pasado a nivel global y en el país. En términos sociales implica la pérdida de puestos de trabajo. Según las últimas cifras del INEI, se ha perdido 1 millón 200 mil empleos. A eso hay que agregarle los puestos de trabajo vinculados a entidades informales que es un número bastante significativo. Además, todos los indicadores económicos están en retroceso. Acabamos de tener un reporte de marzo con menos 16 % en el Producto Bruto Interno (PBI) y seguramente en abril y mayo la situación fue más complicada. Eso pasa porque la prioridad para el país es hacer frente a la pandemia y proteger la salud de todos los peruanos y peruanas.

¿Qué le parece la reactivación económica del gobierno?

Plantea serias dudas sobre si finalmente esto provocará un despunte de casos positivos de COVID-19, más aún cuando la reactivación está planteada con instrumentos y protocolos que da la impresión que el Estado peruano no va a poder controlar y fiscalizar. El desafío que se tiene por delante es, por un lado, hacer frente a la situación económica y social complicada y difícil, y, por otro, garantizar la protección la salud como prioridad.

Solo el 11% de los 30 mil millones de Reactiva-Perú llegó a las Mypes. ¿Da la impresión que hay privilegiados y excluidos?

Sin duda. Son varias cosas que plantea la pregunta. ¿Cómo se maneja la economía en tiempos normales y cómo se pretende seguir manejándola en tiempos de emergencia y excepcionales? La sensación que a uno le queda es que las decisiones se toman beneficiando a sectores o grupos económicos y afectan a los sectores más importantes de la población. Vemos eso en el manejo de los fondos que el Estado ha destinado para la reactivación económica y también en la suspensión perfecta de labores, liberación de las AFPs. Todas las decisiones que se han tomado muestran que en épocas de crisis siguen teniendo un sesgo que favorece a determinados grupos económicos.

Entonces, las medidas del gobierno muestran que buscó que el ciudadano asuma el peso de la crisis.

Ese es un punto importante. Cuando se habla de ese 12% del PBI para invertir en la economía, una parte importante de esos recursos proviene de los ahorros de la gente. El sistema privado de pensiones es ahorro de la gente y su liberación es liberar ese ahorro, así como la CTS que es un fondo que le pertenece a las personas. Lo que estamos viendo es que la gente ha tenido que apelar a sus ahorros que tenía en el bolsillo, en el banco, en la AFP, CTS. También hemos visto que uno de los errores del gobierno es no haber implementado un bono universal para que la gente pueda enfrentar esta situación extrema y respetar el confinamiento. Los bonos se han demorado una eternidad en llegar y no han podido amortiguar la crisis de la gente.

¿Por qué ocurre eso?

El modelo económico, que también provocó este gasto lamentable en el presupuesto de salud en los últimos 20 años. No hay que olvidar que cuando se dice que el Perú puede afrontar esta crisis con un respaldo financiero y ahorro interno, esos recursos pudieron ser mucho más importantes si es que en el Perú se hubiera implementado una reforma secundaria de carácter estructural. Si en la época de bonanza de las materias primas hubiéramos implementado un impuesto a las sobreganancias mineras, si se hubiera controlado la evasión y elusión fiscal, y no se hubieran dado tantos beneficios tributarios a los principales grupos económicos.

¿Hay riesgo de que las Mypes desaparezcan?

Por supuesto. Muchas ya están en serias dificultades y será bastante complicado que puedan reactivarse y hacer frente a esta situación que tiene para largo. No estamos hablando de una crisis que va a durar meses sino años. No tengo la menor duda que un tiempo largo de recesión se traerá abajo un número muy importante de micro, medianas y pequeñas empresas.

Desde un inicio se ha privilegiado algunos sectores como la gran minería y se ha dejado de lado al agro, por ejemplo. ¿A qué podríamos atribuir esas decisiones del gobierno?

Al modelo económico que prioriza actividades extractivas como la minería, uno claramente extractivista. No es un modelo que apueste por la agricultura familiar, por la agroecología, que en las actuales circunstancias es el sector que nos está permitiendo comer todos los días. No es la gran agricultura para la exportación, es la pequeña agricultura. Ahora se entiende porqué los agricultores del valle del Tambo en la provincia de Islay (Arequipa) defendían su área agrícola frente a la amenaza del proyecto minero Tía María. Ahora también se entiende las luchas de poblaciones como Tambogrande o la de valles interandinos como los que existen en Cusco y otras regiones del sur.

¿Podría desatarse una crisis alimentaria si no hay apoyo efectivo a los productores agropecuarios? 

Ahora nos estamos alimentando de las campañas agrícolas pasadas. Hay que mirar con mucha atención lo que está pasando con el campo y las campañas agrícolas que van a producir los alimentos para los próximos meses y años. Si se habla de reactivación, hoy una de las grandes prioridades debería ser el agro. Debe haber un esfuerzo decidido del gobierno para respaldar la producción agrícola orientada al mercado interno.

¿Cuánto tiempo tomará la reactivación? ¿En cuánto tiempo volveremos a la “normalidad”?

Es difícil decirlo. ¿Volver a la normalidad significará regresar a un escenario como el que hemos vivido hasta febrero pasado? Eso no va a ocurrir y no sería bueno que eso ocurra, porque eso sería repetir los errores del pasado. Hay que construir una nueva normalidad.

¿Cuánto tomará eso?

Cuando era estudiante los profesores me decían que hay tres tipos de crisis. La crisis en “V” donde la economía crece, cae y rebota como en el 2008; la crisis en “U” donde la economía cae y está un tiempo abajo –se puede discutir cuánto tiempo- y después se recupera; y la crisis en “L” cuando la economía cae y queda abajo buen tiempo. Ahora no estamos en una crisis en “V”, entonces podríamos discutir si será una crisis en “U” o en “L”. En ambos casos estamos hablando de un periodo largo de recesión.

¿De qué depende que sea una crisis en “U” o “L”?

La diferencia entre ambos es la cantidad de tiempo que dura la recesión. La primera puede durar 1 o 2 años, la otra, 5 años e implica casi una década perdida como fue en 1980 o como ocurrió cuando hubo guerras mundiales. Yo me inclinaría más por una crisis en “U” que durará el 2020 y 2021; por tanto, los que quieran gobernar recibirán un país en recesión económica y sin recursos y con un creciente endeudamiento externo. Será un país con una inestabilidad política, económica y social muy fuerte. El siguiente será un gobierno de reconstrucción nacional.

Llegamos entonces al Bicentenario con un país en emergencia, desigual, informal y básicamente centralista.

Sí. Y seguramente con un aparato económico en varios sectores colapsados. En el sur, en Cusco, allí hay un claro ejemplo de cuán profunda es la crisis. Con un comercio internacional colapsado, con una conectividad global colapsada, el sector turismo va a demorar su recuperación, porque no habrá turismo salvo el interno. Esa va a ser una crisis hasta en “L”. El diagnóstico es complicado, pero no podemos cometer el error de pensar en volver a la antigua normalidad sino el debate que tenemos por delante debe ser cómo construirnos una nueva normalidad. Una normalidad que sea con derechos, que rompa las asimetrías y el centralismo, que sea amigable con la naturaleza y que impulse actividades amigables con la naturaleza, y que el centro de las políticas sean las personas.

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