Eclipse en el Cusco: el Inti Raymi fue suspendido

Un terremoto en 1950 y una pandemia ayer han obligado a suspender la escenificación del Inti Raymi en el “ombligo del mundo”. No obstante, la Fiesta del Sol sigue siendo un enorme logro de los intelectuales cusqueños de la primera mitad del siglo pasado en busca de la reivindicación del Tahuantinsuyo.

El 24 de junio de 1944 es un día de un alto contenido reivindicativo para los cusqueños. Aquel día Umberto Vidal Unda y Faustino Espinoza Navarro consiguieron instaurar la Fiesta del Cusco y la recreación del Inti Raymi. Hace exactamente 76 años se cristalizó el sueño que había desvelado a varios intelectuales cusqueños en las primeras décadas de siglo XX: recuperar una de las más valiosas tradiciones del Tahuantinsuyo.

El nombre de Umbero Vidal Unda siempre estará ligado a la instauración del Día del Cusco el 24 de junio, que se concretó en 1944. Mientras que el de Faustino Espinoza Navarro debe estar unido inseparablemente cuando hablamos de la escenificación del Inti Raymi o Fiesta del Sol. Faustino Espinoza, un ilustre cusqueño, elaboró el primer guión y representó por primera vez al soberano del Tahuantinsuyo. No fueron los únicos, hubo una pléyade que batalló por realizar el sueño incásico.

El 24 de junio de 1944, algunos dicen que todo empezó a las nueve de la mañana, el inca Pachakuteq, personificado por Faustino Espinoza, volvió a dar vida a la Fiesta del Sol en el “ombligo del mundo”. La fiesta había sido proscrita por los españoles tras la conquista en 1532, y desde entonces la figura del inca había entrado en decadencia. Espinoza y otros cusqueños se empeñaron en elaborar el guión para revivir el homenaje al Tayta Inti.

El dios Sol sin fiesta

Este año, hoy, la escenificación del Inti Raymi iba a cumplir 76. La pandemia obligó a la Empresa Municipal de Festejos del Cusco (Emufec) a suspender la fiesta, así como todas las actividades y celebraciones que tenían lugar por el mes jubilar de la Ciudad Imperial.

Desde su primera edición hubo una suspensión el año 1950 debido al terremoto que dejó la ciudad en escombros y bañado en tristeza y sangre. “Se suspendieron muchas actividades porque fue un hecho un doloroso”, explica Rosano Calvo, antropólogo e historiador cusqueño.

 En 2018, la fiesta se suspendió en uno de sus momentos. No hubo ceremonia en la Plaza Mayor por riesgo a que los profesores que estaban en huelga indefinida irrumpieran en el momento del encuentro de los tiempos: encuentro entre el inca y el alcalde actual del Cusco.

El Sol no tendrá fiesta hoy. Hay un eclipse en el Cusco. No obstante, el Inti Raymi y el inca viven en la memoria de la gente.

La fiesta en análisis

La fiesta inca ha sido analizada desde diferentes miradas. Para Juan Ossio, exministro de Cultura, la celebración inca radica en la importancia del inca como monarca divino. «El inca representa la verdadera esencia de la civilización. Allí donde hubo culto al sol también hubo, como eje del orden social, una persona que era descendiente del sol o que mantenía una relación directa con él. Pasa en Egipto, China, Japón y muchas civilizaciones», dijo Ossio en un foro en 2019 en Cusco.

Ossio recoge las apreciaciones del cronista Felipe Guamán Poma, quien miró con profundidad la importancia del soberano inca. En el libro Nueva crónica y buen gobierno hay un dibujo que muestra al inca sosteniendo en la mano el mundo. «Era el monarca del mundo», explicaba Ossio.

Desde esa perspectiva el inca también tenía el don de la ubicuidad: podía estar en distintos sitios a la vez. «¿Cómo? A través de un sistema de hermanos o Huayque», personas de su confianza que lo reemplazaban cuando era necesario.

El historiador cusqueño Donato Amado Gonzales prefiere centrar su mirada en la importancia de las fiestas solares. La ofrenda mayor son los wakarpanas, distintos tipos de camélidos. Las wakarpanas eran criados específicamente para la Fiesta del Sol. Amado recuerda que el inicio de la fiesta en el Koricancha simboliza una peregrinación hacia la salida del sol.

En 1850 la imagen del inca entró en decadencia. Estaba muriendo en el imaginario local, dice Amado Gonzales. Siglos de resistencia, desde 1532, estaban sucumbiendo ante la inagotable fuerza del olvido. En rechazo a este «pensamiento criollo» -según Amado- surgió a inicios del siglo pasado el proceso del indigenismo en Cusco para reivindicar la imagen o idea del inca. “Sus resultados han sido favorables. Hoy vemos que se ha recuperado aquella imagen de los incas reales. No hay que olvidad que desde la posición criolla solo querían admitir la figura en Manco Capac y Mama Ocllo, que es una representación mítica que real”, dice.

La pelea por la reivindicación empezó en la segunda década del siglo anterior. Los intelectuales emprendieron la empresa de reivindicar la fiesta del Inti Raymi y, junto a ella, la figura del inca. Luis E. Valcárcel fue uno de los impulsores. A la luz de los hechos, sus objetivos se han cumplido.

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