23/09/2021

Las secuelas de la represión policial en Espinar

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La señora Juana Apaza (35) recibió el impacto de una bomba lacrimógena en el tobillo izquierdo, mientras que a Wilmer Ilachoque una bala le traspaso la pierna derecha. El pedido es de justicia para los afectados y apoyo a sus familias.

La protesta de Espinar contra la minera Antapaccay dejó heridos de bala, perdigones y bombas lacrimógenas, represión policial y daños materiales en las mineras.

Aunque el paro fue levantado, las secuelas de la represión policial quedaron como sellos indelebles en los cuerpos de algunos espinerenses. Juana Apaza (35) cojea cuando camina. Una bomba lacrimógena casi le destroza el tobillo del pie izquierdo el 20 de julio pasado cuando protestaba junto a un grupo en el corredor vial del sur, en el distrito de Yauri, capital de Espinar.

Era el sexto día de las manifestaciones por el bono de S/ 1000, la reformulación del Convenio Marco, anulación del proyecto Integración Ccoroccohuayco, atención a las personas afectadas con metales pesados, entre otras demandas desatendidas por años.

“A mí me cayó una bomba lacrimógena en el tobillo del pie izquierdo y me quemó (…) Ese día hemos vivido como una película de acción. Muchas personas caían, caballeros que caían. No sé si ellos estarán bien. Prácticamente hemos corrido por nuestras vidas ese día”, recuerda la señora Juana.

Agrega que los policías que llegaron para desbloquear la vía no tenían control y no respetaban ni a las personas de 60 y 70 años. “Un policía quiso arrojarle una piedra a una abuelita y yo fui a defenderla y ahí fue que me han disparado”.

La señora Juana Apaza es madre soltera. Su esposo falleció años atrás. Tiene dos hijos que dependen de ella. “Estoy perjudicada, porque no puedo trabajar para mis hijos de quienes soy padre y madre”.

La mujer es comerciante: vende verduras. Pese a su herida tiene que ir a trabajar para alimentar a sus hijos. Cuando camina mucho o si hace frío o calor se le hincha el pie. “Busco justicia, no deben hacernos esto cada vez que hay protestas. Y que nos ayuden”, pide.

“Ahora cuando escucho gritos o bulla siento que se me vacía el corazón, me asusto”, comenta Juana Apaza con la señora Evarista Ccolqque.

Evarista trajo a su hijo Wilmer Ilachoque Ccolqque (27) a Cusco para hacerle una tomografía para saber si la herida interna está sanando. Wilmer recibió un disparo de bala de la Policía el 22 de julio. Junto a otros jóvenes había llegado a protestar a la zona de Tintaya-Marquiri donde se produjo un enfrentamiento. El balazo le perforó la pierna derecha. Afortunadamente no afectó los huesos.

La madre cuestiona que la Policía intente negar el uso de balas durante la represión. “Los policías se quieren negar, (dicen) que no es bala.  A nosotros la doctora en el hospital nos dijo que es bala. Por eso estamos acá para hacer revisar a mi hijo”, asegura.

En efecto, la médico cirujano del hospital de Espinar, Gloria Cárdenas, dijo que los heridos del 22 de julio eran de bala y no de perdigones o bombas lacrimógenas.

La señora pidió al Gobierno que apoye a los heridos de las protestas. Wilmer era el sustento de la casa. Ahora que está herido no puede trabajar y no genera ingresos para pagar la alimentación y educación de sus hermanos menores.

Las dos mujeres reflexionan y dicen que si Antapaccay y el Gobierno hubieran atendido sus pedidos antes nada de esto hubiera pasado. Juana Apaza señala que al final la minera que decía que no podía dar el bono aceptó que sí era viable. “Se le ha pedido diálogo muchas veces. Si hubiera habido antes diálogo, esto no hubiera pasado”, señala Juana Apaza. “Debieron haber venido antes de que pasen estas cosas”, remata Evarista Ccolqque.

Hay una decena de denuncias en contra de la Policía por estos y otros casos de excesos cometidos durante las protestas en Espinar.