29/10/2020

Distintos problemas, la misma pandemia

Comparte en tus redes...
Share on Facebook
Facebook
Por:
Tania Romero Hinostroza

E-mail: taniaromerohinostroza@
gmail.com

Esta columna, está centrada en identificar cómo se viene construyendo nuestra relación entre “lo rural” y la pandemia. Son dos puntos en los que me centraré: lo rural cada vez más urbano y, por supuesto, lo rural en segundo lugar; en ambos casos, con una misma realidad, abandonado por el Estado centralista.

En conmemoración al Día Internacional de Los Pueblos Indígenas, tres integrantes de la etnia Kukama murieron por heridas de bala luego de la represión policial cuando se dirigían al Lote 95 administrado por la empresa PetroTal, para hacer llegar sus reclamos. El Primer Ministro lamentó las pérdidas y aclaró que desde el gobierno no aceptarán “ningún tipo de discriminación, olvido o violencia, hacia las comunidades nativas y pueblos originarios”; no se aceptará ninguna violencia, pero hay tres fallecidos.

En el 2018 viví durante un año en una comunidad Kukama a orillas del río Marañón, a 10 horas en lancha hacia la ciudad de Nauta, región Loreto. No puedo permitirme escribir lo que no vi. La mitad del año tuve que padecer la falta de lluvias, la otra mitad tuve la casa desbordada de agua, y con ella animales dentro queriendo salvarse. La lluvia es vida, equivalente a tener agua potable en casa, pues con ésta una se alimenta y asea. Está de más decir que aquí no existe red de agua y desagüe, aun en plena pandemia. De acuerdo al INEI, en Loreto solo el 42% de su población tiene acceso a la red pública de alcantarillado.

En el Sur del país a más de 1,000 kilómetros de allí, en Cusco, las niñas y los niños de la localidad de Osccollopata en el distrito de Omacha, provincia de Paruro han sufrido entre otras desgracias en esta pandemia, no poder acceder a internet y a otras plataformas digitales para seguir estudiando. Según el Mapa de la Pobreza del 2018 en la región de Cusco, Paruro sigue siendo la provincia más pobre.

La zona rural en todo el país es la que siempre vive a expensas de la realidad urbana y es por esto que no extraña que cada vez se señalen estas diferencias; sin embargo, desde hace décadas, poblaciones rurales sobre todo jóvenes se trasladan a la ciudad. Jóvenes que se alejan de sus localidades para buscarse un “futuro mejor”. Ocurre en las regiones amazónicas como andinas. En la ciudad, aceptamos a quien se parece a nosotros y mostramos más empatía y solidaridad por quien es nuestro semejante, no obstante, la ruralidad muchas veces se tiñe de sucia y la rechazamos, así como rechazamos lo indígena.

La pandemia ha visibilizado las diferencias entre peruanos. Quienes ya sufrían del olvido del Estado, ahora lo sufren más, con la consideración que ahora se habla más porque estamos en pandemia, y, quienes tenían mayores comodidades e ingresos, ahora no sufren tanto con el agregado que son beneficiados con fondos de reactivación económica.  Los indígenas Kukama y las niñas y los niños de Omacha son quienes viven estos problemas en carne propia y, en la misma pandemia. La conectividad y el acceso al agua potable en la zona rural son solo dos ejemplos de muchísimos más, como una educación de calidad y una salud con humanidad.