29/10/2020

Lliqlla, el canto de la abuela

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Acompañamiento musical, poético y visual para la buena crianza de los niños y niñas

Por: Iñakapalla Chávez Bermúdez
E-mail: iakachavezb@gmail.com

Criar a nuestros hijos e hijas es todo un arte, porque a lo largo de sus vidas creamos un gran nido que pueda cobijarlos y darles la esencia necesaria para que sean buenos seres humanos y más aún en estos tiempos de cambio. Como todo arte requiere de fuentes de inspiración, Gladys Conde y Natalya Lizárraga, dos artistas y madres cusqueñas nos comparten su nueva creación: Lliqlla. El Canto de la Abuela.

“Como si fuera en el campo, con mi mantita viajera acompaño al viento, para ver si ya despierta mi linda wawa; que con la luna en la espalda cariño ya tiene, que con la luna en la espalda caricia ya tiene…”

Con esta sucesión de versos empieza “Fiesta de la Wawa”, uno de los poemas- canción que es parte de este proyecto editorial gestado durante la cuarentena del presente año.

Gladys Conde es una compositora cusqueña que a lo largo de su vida ha explorado la esencia de la cultura andina a través de la música y la poesía, logrando no sólo compartir sus creaciones sino el testimonio que ella tiene a través de la música. Gladys ha logrado presentar a lo largo de estos últimos diez años, cuatro producciones musicales: Zorrito Ramón (2011),  Intiwawacha (2012), Vuelo de Katary (2014) y El Wanamey (2017), acompañadas por la guitarra del músico Omar Vargas.  

La fundación SM, por medio  de Rubén Silva, vislumbró el gran aporte de la música y poesía de Gladys Conde, y fue invitada a producir un nuevo proyecto: Lliqlla. El canto de la Abuela, un libro compilatorio de canciones para niños y niñas acompañados de sus padres y madres.

Gladys Conde, compositora cusqueña.
Foto: Adriana Peralta

Y así, en febrero de este año dieron inicio a esta aventura convocando a una serie de ilustradores e ilustradoras locales. El arte de Natalya Edem Lizárraga conmovió a Gladys y a Rubén, por el tema onírico que maneja la artista a través de sus obras, idóneas para estos cantos de arrullo.

Y bueno, como todos sabemos la cuarentena postergó muchos proyectos pero los cantos de la Abuela estaban destinados a nacer desde Cusco, en medio de este episodio histórico a nivel mundial. Los pasos de estas dos artistas y madres se enrumbaron por el mismo camino a través de la poesía de Gladys, quien explicó pacientemente las metáforas de sus composiciones y sus deseos de infancia para que sean plasmados en las imágenes de la prodigiosa Natalya quien a su vez compartía los bocetos que iba creando durante estos meses, en los cuales no lograron verse físicamente ambas creadoras. Natalya recuerda que al momento de iniciar el proyecto le dijeron que debían “ser luz” y ella así lo hizo, adentrándose en la visión única para relatar historias de Gladys. Para cada ilustración ha tenido la guía de Gladys y de esta forma se unieron la voz, la poesía, los acrílicos y las cartulinas junto al amor de poder transformar a través del arte en todas sus expresiones.

Gladys Conde nos comparte la intención de este nuevo proyecto: “Para mí, es involucrar a los padres y madres en el proceso de cantarles a sus hijos, abrir varias dimensiones, desde lo poético, lo musical, lo visual, para que puedan conectarse entre padres, madres, hijos e hijas. El trabajo de Natalya ayuda a conducir a esos paisajes andinos, la pintura te ayuda a anclar la profundidad del contenido musical, para llevar a un viaje profundo…”

Natalya Edem Lizárraga, pintora cusqueña.
Foto: Archivo personal

En el mes de diciembre se tendrá la impresión física, destinada a las familias, Instituciones educativas y personas involucradas en la crianza de los niños y niñas a través del amor. Mientras tanto, podemos acceder a una versión digital a través de este enlace https://recursos.leotodo.com.pe/…/lliqlla-el-canto-de…  y escuchar la hermosa voz de Gladys y sus canciones compuestas con el alma por medio de Spotify:  https://open.spotify.com/track/1p7L9esSODhgMG0MCmNndp?si=m5wf_4gzRr2fbs4H-Mgeqg

Gladys Conde nos cuenta que hace poco la llamaron de un orfanato de la ciudad de Lima, donde han incorporado las canciones de “Lliqlla, el canto de la Abuela” y ha sido un gran complemento de sanación de los niños y niñas, para superar estas ausencias afectivas. De acuerdo a Gladys, la música puede modificar a los seres humanos a través de los sentidos, este material es un conductor para que los niños y niñas sigan creando.

Gladys ha sido una niña adoptada, y fue a través de este hecho que ella se aproxima a la música. Su madre de amor y de la vida le cantaba para curar, tal como manifiesta la misma compositora: “Me acerco por un asunto de duelo en mi mundo interno y auto-sanación. Este recurso inmediato fue el canto a través de mi madre adoptiva componiendo para hacer duelos, para sanar situaciones y emerger una fuerza de sanación y recuperación.” En esta exploración, la talentosa cantautora primero escribió poesía y luego descubrió la musicalidad de las palabras. Y de esta forma la música y poesía se unieron creando canciones que emergen del alma para transformar otras almas a su vez.

Cuando a los niños y niñas se les conduce en el arte, siempre tendrán una diferencia en cualquier trabajo que hagan, por el grado de humanidad ya sea en la arquitectura, la medicina, la docencia, la agricultura o cualquier otra profesión u ocupación. Porque a través del arte tocamos las venas profundas del ser humano. Actualmente, las redes de comunicación se están abriendo y tenemos la posibilidad de recurrir a diversos canales de ayuda. Para dar una buena crianza, se está abriendo un canal de la confianza, reconociéndonos como papás y mamás que tenemos límites para aceptarlas y dar lo mejor a nuestros hijos e hijas.

La vida nos da la enseñanza de cuidar de nosotros mismos y cuidar a los demás, a expresar nuestros sentimientos para que podamos ser conscientes y reflexivos con las nuevas generaciones.

Generemos buenos momentos y recuerdos con nuestros hijos e hijas, hagamos que nuestra voz sea sinónimo de amor, arrullo y comprensión. De esta manera, podremos escuchar la música interior de nuestros pequeños, grandes maestros y maestras.  

¡Gracias Gladys y Natalya, por compartir un poco de su mundo!