28/11/2020
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*Por Tania Romero

Oswaldo Reynoso, escribió allá por 1965, “En octubre no hay milagros”, que traza en un solo día de la procesión del Señor de los Milagros en Lima, una visión bastante desconsolada de nuestra realidad. Contrariando a Reynoso, en octubre de este año, sí hubo milagros y uno de ellos fue la culminación de las marchas, movilizaciones y protestas iniciadas hace un año a lo largo de Chile, con la masiva participación de ancianas y ancianos, jóvenes, niñas, niños, trabajadores, obreras, profesionales, artesanos, agricultores, y que culminaron hace pocos días en un referéndum que aprobó dotar a Chile de una nueva Carta Magna, diciéndole adiós a la constitución de Pinochet, promulgada cuarenta años atrás y, aprobando además, la conformación de una Convención Constitucional con la participación paritaria de mujeres y varones y la presencia de las minorías étnicas marginadas por siglos.

El país vecino, Uruguay; con el presidente, José “El Pepe” Mujica, puso en práctica lo que él mucho antes había soñado, haciendo que su patria fuera un referente en la lucha por los Derechos Humanos, aprobando la legalización del aborto, garantizando primero la salud de las madres, la mayoría de ellas, de escasos recursos; legalizó el comercio de la marihuana, bajo regulación del Estado, actuando de modo directo, contra la violencia del tráfico ilícito de drogas y, legalizando en una última reforma, el matrimonio homosexual.

En Argentina, una marea verde se extiende por todo el país, Latinoamérica y el mundo. La marea verde es el nombre del movimiento feminista a favor de la despenalización del aborto y el pañuelo verde es el símbolo de ese movimiento. La marea verde ganó una mayor visibilidad en el 2018 cuando en Argentina, la Cámara de Diputados discutió y aprobó una iniciativa de despenalizar el aborto hasta las 12 semanas, esa misma iniciativa luego fue rechazada por el Senado por pocos votos, dejando ver de esta manera que la despenalización del aborto estaba más cerca que nunca. En Argentina existe una larga tradición de movimientos feministas desde el siglo XIX y figuras excepcionales como Eva Perón, han sido claves para la aprobación del voto femenino en el año 1947. También están las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que buscaron a sus hijas e hijos, nietas y nietos desaparecidos durante la dictadura entre 1976 y 1983.

No fue en octubre, pero sí en noviembre, mes en el que se conmemora la lucha por la eliminación de la violencia contra la mujer, en el que naciera Tamara Bunke, que adoptó el sobrenombre de “Tania”, la compañera de Ernesto “Che” Guevara, la única mujer que acompañó la guerrilla, y de la que poco se conoce y habla. Mujer que entregó su vida por una causa más grande y de amor a la humanidad. Nació en Argentina, el 19 de noviembre de 1937. Hablaba cinco idiomas, estudió Letras en Alemania y periodismo en La Habana. Se unió desde muy joven al partido socialista y en 1966, escribió en México un hermoso poema titulado “Dejar un recuerdo”, de cuyos versos dicen:

“…con que de irme, cual flores que fenecen?

Nada será mi nombre alguna vez?

Nada dejaré en pos de mí en la tierra?

Al menos flores, al menos cantos.

Cómo ha de obrar mi corazón?

Acaso en vano venimos vivir, a brotar en la tierra?”

Quien sabe prediciendo su prematura muerte, pero pensando siempre qué dejar para el futuro. Y vaya, que dejó un recuerdo. La “guerrillera” no sólo es una, también somos todas.

Estas líneas son para las niñas, las adolescentes y las mujeres de cualquier origen y que desde el lugar donde se encuentren tengan una motivación para luchar por sus sueños, por lo que quieren con el corazón y dejar juntas un mundo mejor para las que vienen.