28/11/2020

CUANDO LA VIDA ARDE Y DUELE INNECESARIAMENTE

Comparte en tus redes...
Share on Facebook
Facebook

Por: Jhosely Flor Cruz Loaiza / CTLS Abancay.

Lo de nunca acabar, año tras año somos testigos de diversos incendios forestales en diversas partes del planeta, incluido nuestro país, y claro, también la región Apurímac. Tal como informa el Servicio Forestal y de Fauna Silvestre – SERFOR, en lo que va del año, hasta el mes de septiembre se han producido 1877 incendios forestales[1]. La problemática de los incendios forestales tiene diversas causas, entre ellas las prolongadas sequías que se suelen presentar durante gran parte del año, la práctica de quema de rastrojos agrícolas con la creencia de que con ello vendrán las lluvias, así como la de preparar el terreno para la siguiente siembra y/o ampliar la frontera agrícola y ganadera, situación que se presenta tanto en la actividad de la pequeña agricultura como en la de las grandes agroindustrias; por lo que es la acción humana la que provocaría el 98% de los incendios forestales que se registran en el país, ello conforme a lo señalado por el Ministerio del Ambiente, SERNANP y SERFOR.

Y como toda acción trae consigo consecuencias, entre ellas, tenemos que se producen problemas de salud, relacionados principalmente a las vías respiratorias, a la vista como a la piel de aquellas personas que se exponen directamente al humo y el fuego; la desertificación y erosión de los terrenos agrícolas y no agrícolas; pérdida de bienes materiales como viviendas, sembríos y herramientas de trabajo; contaminación del aire con gases de efecto invernadero que contribuyen al incremento de la temperatura de la Tierra y el cambio climático.

Créditos: Facebook de la Compañía de Bomberos de Abancay N° 68

Sin embargo, la consecuencia más dolorosa, es que arden todas las formas existentes de vida en el lugar de los hechos. Sólo por mencionar, en la región Apurímac, durante los incendios forestales registrados los días 10 y 11 de octubre del presente año, en los distritos de Kaquibamba (Andahuaylas) y sector de Auquibamba (Abancay), se ha producido la muerte de cuatro personas y registrado otros cinco heridos. Igualmente, arde consigo la vida de otros seres vivos, como ganados, animales silvestres, flora silvestre, miles de hectáreas de bosques primarios y secundarios, arbustos, pajonales, bofedales, páramos, matorrales y otros que conforman diversos ecosistemas frágiles e importantes para la sostenibilidad de la vida del planeta y también la de nuestra especie. Dejando así, una gran huella negra, que nos recuerda nuestra propia irresponsabilidad (en el 98% de los casos) que a la larga afecta negativamente diversos aspectos, tanto lo ambiental por el daño generado a los ecosistemas, lo social por las vidas humanas afectadas y lo económico por las pérdidas de bienes naturales y materiales.

En el Perú contamos con una legislación que sanciona la comisión de incendios forestales, tanto administrativamente (multas) a través de SERFOR, así como penalmente (artículo 310° del Código Penal – delito contra los bosques o formaciones boscosas), se establece una pena privativa de la libertad no menor a cuatro ni mayor a seis años, y en caso de presentarse agravantes la pena oscila entre los ocho a diez años de pena privativa de libertad, en caso corresponda. Sobre la normativa penal ambiental, cabe precisar que el delito contra los bosques o formaciones boscosas, que es a título de dolo, es decir, que el autor del delito tenga la voluntad deliberada de cometer un hecho ilícito, y sucede en la casuística, que, si el dolo no se llega a probar, la investigación será archivada; por lo que urge que se modifique el tipo penal, y que éste sea de tipo culposo. Es más, se advierte también que el mismo tipo penal, tiene otro vacío, toda vez que solo se considera como delito previsto en el artículo 310° del Código Penal, siempre y cuando se afecte bosques y/o formaciones boscosas; por lo que si del informe técnico emitido por la entidad de fiscalización ambiental competente, en este caso el SERFOR, concluye que en el área del incendio forestal no se ha afectado un bosque o formación boscosa, la investigación penal una vez más termina archivándose por ser atípico, basados en el principio de legalidad no se puede sancionar un hecho que no haya estado previsto con anterioridad en la ley. Por lo que, respecto de este punto, también urge que se modifique el tipo penal, y se incluya a los pajonales, páramos, matorrales y bofedales dentro del ámbito de protección, toda vez que éstos a su vez proveen de servicios hídricos a las cabeceras de cuenca y otros servicios ambientales que nos proveen y permiten la sostenibilidad de la vida en su diversidad. Así, el Congreso tiene un asunto pendiente e importante más por legislar, ojalá lo hagan pronto, a la misma velocidad en la que tramitan las vacancias presidenciales.

Por supuesto, hay que ser conscientes de que el problema de los incendios forestales no se va a solucionar solamente con que se modifique el tipo penal, o establezcan mayores sanciones penales o administrativas, lo legal es una herramienta más, importante sí, más no la única. Por lo que urge que el Estado, a través de sus ministerios y diferentes niveles de gobierno, continúen ejecutando planes destinados a la prevención a través de la educación formal y comunitaria, así como la reducción y control de incendios forestales; y es justamente, respecto de estos dos últimos, que cabe precisar que son las compañías de bomberos y ciudadanos que aúnan esfuerzos para sofocar los incendios, pero que debido a la falta de herramientas e implementos adecuados exponen sus vidas y dificultan en sus labores. Sin duda, los incendios forestales son un problema complejo, en algunos casos se suscitan por accidentes, pero en realidad es una cuestión sistémica, pues seguimos percibiendo a la naturaleza desde una perspectiva meramente antropocéntrica y con fines de lucro, y no estamos siendo conscientes que el daño que se le está haciendo a la naturaleza repercute directamente en la humanidad, y en especial en aquellas poblaciones vulnerables y empobrecidas.


[1] Ojo Público: https://ojo-publico.com/2164/el-fuego-de-muerte-y-destruccion-en-los-bosques-del-peru

Créditos: Facebook de la Compañía de Bomberos de Abancay N° 68