18/01/2021

Coyuntura electoral peruana en medio de la tragedia del COVID-19

Comparte en tus redes...
Share on Facebook
Facebook

La situación política y social estaba teñida de conflictos eco-territoriales, en particular los originados por la minería, y la lucha contra la corrupción era una bandera que generaba atención y movilización popular. Cuatro años después, el ánimo de crítica social parece haberse disipado o estar muy disperso. Muchos podrían ser los factores detrás de esta situación.

Escribe: Juan Carlos Giles Macedo

En las últimas semanas se están conociendo las movidas de figuras políticas y sus grupos de campaña para las elecciones del 2021. No obstante, a la fecha, no se observan novedades que generen expectativas en la ciudadanía, fuera de la prensa del espectáculo cada vez más parecida a la prensa política. Este panorama se diferencia de las coyunturas del 2010-2011 y la última del 2015-2016, donde las candidaturas críticas al neoliberalismo eran portadoras del malestar y de la demanda de cambio de amplios sectores del país.

En esos momentos, la situación política y social estaba teñida de conflictos eco-territoriales, en particular los originados por la minería, y la lucha contra la corrupción era una bandera que generaba atención y movilización popular. Cuatro años después, el ánimo de crítica social parece haberse disipado o estar muy disperso. Muchos podrían ser los factores detrás de esta situación. Queremos resaltar algunos.

·        El efecto resignación

La precariedad extrema de los sistemas públicos de salud y de seguridad social es aceptada en vez de recusada. La gente prefiere atenderse apelando a redes personales y familiares; y por tanto evitan ir a hospitales públicos por considerarlos colapsados, indolentes o simplemente incapaces de responder a sus necesidades. No existe la opción de las clínicas privadas, pues sus costos son escandalosamente prohibitivos y el Estado se hace de la vista gorda. La lógica del “sálvese quien pueda”, tan corrosiva de la justicia social, parece haberse impuesto. Un sentido común de este tipo supone un retroceso mayúsculo para la idea de derechos y las exigencias de justicia social.

·        Las fuerzas del cambio social 

Las fuerzas que se reclaman críticas al sistema se han debilitado al aceptar hacer política usando los mismos dispositivos, estrategias y procedimientos hegemónicos. En el orden demoliberal, la política suele concentrarse en: a) apariciones en medios de comunicación, b) reducción de la política a la disputa por la representación (elegir y ser elegido), c) la mistificación de la discusión técnica, y, d) la priorización del enfoque de la gestión eficaz del Estado.

Las fuerzas críticas al neoliberalismo han querido competir con las derechas actuando en estos espacios y practicando los mismos dispositivos. El resultado de esta apuesta ubica a las izquierdas cada vez más fuera o en contacto ocasional y ortopédico de las luchas, de los conflictos y los procesos de organización y de defensa de la vida y los territorios.

Ninguna de las tres candidaturas del centro a la izquierda encarnadas por Verónica Mendoza, Marco Arana y Vladimir Cerrón proviene de prácticas diferentes al quehacer demoliberal. Así, las izquierdas en el Perú parecen olvidar que no hay experiencia de crecimiento político popular en Latinoamérica, que no haya venido acompañada de una oleada de luchas populares democratizadoras.

Cabe mencionar que los gobiernos progresistas en Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina, etc., se constituyeron sobre estas oleadas, aunque luego tomaron distancia de los movimientos sociales y gobernaron aplicando fórmulas clientelares y burocráticas.

¿Qué hacer? La tragedia del COVID-19 abre algunas posibilidades para fuerzas de cambio social que quieran hacer política en las bases mismas de la sociedad y los sectores populares. El colapso o precariedad de los sistemas sociales estatales ha provocado el resurgimiento de experiencias de ollas comunes, comandos barriales Anti-COVID, etc. Estos espacios son fundamentales para recrear la democracia participativa.

En política nacional, el horizonte puede ser un largo proceso constituyente. Las banderas de educación y salud para todos, y no solo para quienes pueden pagarla, puede resonar en millones de peruanos que han visto el horror y el sufrimiento de sus seres queridos enfermos y sin acceso a servicios básicos.

Hablamos de proceso constituyente y no solo de nueva Constitución. El proceso es igual o más importante que el producto. Se trata de reflexionar, tomar conciencia y organizarse. Esta es la democracia participativa que adolecemos y necesitamos tanto. Sin este tipo de democracia, la política seguirá siendo el reino de la actuación en medios, de los representantes y los intereses privados. El proceso constituyente chileno, con todos sus defectos, puede servirnos de ejemplo. Cuando el pueblo no lucha y se moviliza, la política se torna superficial e irrelevante para el cambio social democrático.