28/11/2020

Adriana Peralta, fotógrafa de la calle

Foto: Archivo personal

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Por: Iñakapalla Chavez

La fotografía es una forma de perpetuar las historias cotidianas. Cuando Adriana Peralta era niña, veía las fotos de Martín Chambi y se preguntaba: ¿qué habría sido de las personas que fueron retratadas hace de 70 u 80 años?, recuerda también que una de las fotografías que más le impactó fue la del grupo de amigos jugando “sapo” en una picantería tradicional, mientras un niño juega arrodillado en el piso, esta escena no estaría completa sin las calabazas suspendidas que crecen encima del patio de la picantería. Adriana desde aquel entonces, comenzaría a sentir una fuerte atracción por la fotografía, en la idea de contar historias, tal como ella refiere: “Siento gran admiración por la gente de la ciudad que transita por las calles y sus plazas, creo que a través de las fotografías una tiene la oportunidad de perennizar sus historias del día a día”

La primera cámara que tuvo fue una analógica- nikon- que le regaló su padre, Ronald Peralta, con esta cámara hace sus primeras exploraciones fotográficas durante su carrera de comunicación en Brasil, posteriormente cuando regresa a Cusco, su labor como fotógrafa fue incentivada en su trabajo, el Centro Guamán Poma de Ayala. La fotografía además le permitió “reinventarse” en diversos momentos de su vida, por lo que ella la considera terapéutica. Ahora, Adriana tiene 20 años de experiencia como fotógrafa, durante este periodo ella ha podido experimentar los distintos procesos de cambios desde la fotografía analógica hasta la fotografía digital, especializándose en ésta última.

Adriana considera que la fotografía es una pasión. Cuando se le pregunta acerca de un día como fotógrafa ella menciona: “Despierto, cojo mi cámara y siento un impulso natural de ir a tomar fotos, siento la gran necesidad de retratar las historias de las personas que habitan esta ciudad”

Foto: Archivo personal

Una fotógrafa en cuarentena

La cuarentena ocasionada por el COVID-19, nos desvinculó de nuestra cotidianeidad, viéndonos forzados al aislamiento y la distancia social. Durante esos meses las calles, los mercados y las plazas se vieron desprovistos de personas que cuenten historias a través de sus pasos, sus miradas, sus voces o sus sonrisas. Adriana como fotógrafa, también se vio restringida de seguir con su pasión por capturar imágenes, la ciudad de Cusco no sería la misma sin sus habitantes, no habiendo historias qué contar, sino la del propio aislamiento. Una de las primeras fotos que tomó al inicio de la cuarentena fue a su vecina del frente, una niña de 10 años (aproximadamente) que asomó por el balcón con una jaula de pajaritos, quizás la metáfora de este encierro social quedará plasmada en esta imagen por siempre.

Así también cuenta que las únicas fotos que tomó durante el primer periodo de cuarentena reflejaban la desconfianza y el temor de las personas. Adriana recuerda: “Iba de compras al mercado de San Pedro que está cerca a mi casa y solo encontraba las miradas de los cargadores, las caceras y algunos compradores, todos ellos con mucho temor. Para mí fue extraño tener que contar esta nueva realidad reflejada tan solo en sus ojos. Recuerdo que le tomé una foto a un cargador del mercado, orgulloso de que podía trabajar pese a la cuarentena, olvidando el temor posa para la cámara expresando su dignidad”

Adriana, usualmente va capturando historias a través de su lente en la ciudad y el campo, teniendo en la actualidad un gran archivo que plasma la realidad social de Cusco de estos últimos 20 años. Este tiempo de cuarentena ha significado una pausa, reflejada también en la ausencia de imágenes de la fotógrafa. Poco a poco ha ido reincorporándose a su labor de “fotógrafa de calle” en la misma medida que los ciudadanos y ciudadanas nos hemos vuelto a apropiar de la ciudad, con nuestros pasos, esta vez con la sonrisa oculta tras el barbijo. 

Insurgencia a través del obturador.

A lo largo del año 2020, nuestro país ha sufrido una serie de conflictos políticos, sociales y económicos, que han derivado no solo de la cuarentena sino del sistema de corrupción instaurado en las instituciones públicas en todos estos años. El día 9 de noviembre, el Congreso vacó al presidente Martin Vizcarra, generando una serie de revueltas sociales a nivel nacional. En Cusco, también se generaron marchas multitudinarias. Adriana Peralta, menciona: “Cuando estalló todo esto, sentí mucha indignación y salí con mi cámara todos los días de la protesta. Mi manera de aportar es mostrando como se expresan las personas. En la última marcha me conmovió que todos eran jóvenes de 17 a 25 años, gritando su indignación con esa energía nueva. Cuando me enteré de lo que había pasado en Lima, lloré porque esos dos jóvenes podían ser los hijos de cualquiera de nosotras. Admiro a la gente de Lima que ha seguido en la lucha durante estos días, la valentía de las madres que han dejado ir a protestar a su hijos e hijas”

Ella también fue víctima de las represiones de los policías en Cusco, quienes tiraron bombas lacrimógenas durante la semana del 9 al 14 de noviembre, pese a ello siguió con su labor de “fotógrafa de calle.  Adriana nos da una reflexión final: “Muchos de los problemas que tenemos actualmente son porque no nos identificábamos, siento que es importante cultivar el espíritu de la solidaridad y no dejar que las cosas se resuelvan en manos de los políticos.”

Foto: Adriana Peralta
Foto: Adriana Peralta
Foto: Adriana Peralta
Foto: Adriana Peralta
Foto: Adriana Peralta