18/01/2021

Las señales de Chuqui Chinchay: Deidad del Agua

Foto: Virginia Gálvez Soldevilla

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Nuevos aportes de las investigaciones de Ana María Gálvez Barrera

Por: Iñakapalla Chávez

Las últimas semanas nos hemos sentido preocupados y preocupadas por la falta de lluvias y todas las implicancias que podría traer una sequía en la región andina, más aún luego de un largo periodo de cuarentena a nivel nacional. Nuestro territorio andino se ha caracterizado por la agricultura y la crianza de alpacas y llamas desde hace muchos miles de años. Ambas actividades están relacionadas a la presencia de lluvias. Los pobladores de las culturas pre- inkas tuvieron una conexión mágico- religiosa con diversos elementos de la naturaleza. Así, ellos tenían una deidad de la lluvia, el gran y mítico Chuqui Chinchay o Choquechinchay qoa, a quien le pedían lluvia y les concedía. Pero como todo ser sagrado también lanzaba sus castigos a través del granizo o las tormentas eléctricas. En algunas comunidades andinas aún cuentan que Choquechinchay juega en las alturas entrando y saliendo de las lagunas. Actualmente hemos olvidado estas señales que encontraban nuestros ancestros a través de la observación de las constelaciones y la relación especial que se tenía con las manifestaciones naturales del Universo conectándolas con estos seres míticos.

Ana María Gálvez Barrera, antropóloga nacida en Chincha, ha logrado descifrar una de las aristas en la cosmovisión de la cultura andina relacionada a la presencia del Chuqui Chinchay, como deidad del agua, ella refiere: “Para comprender nuestra historia, debemos despejarnos del concepto occidental. Mucho de lo que nos han enseñado está guiado por esa influencia, entonces debemos asentar nuestras raíces y leer con “ojo propio”. Cuando llegaron los españoles, ellos vinieron a escribir su historia no la nuestra”.

Desde las etapas iniciales de nuestra historia, los hombres y mujeres que habitaron los territorios andinos tuvieron una relación especial con las estrellas y las constelaciones, así pudieron identificar los ojos de la llama, la serpiente en la vía láctea, el cóndor, el gato montés entre otros. Por ello se hacían representaciones artísticas de estos animales mediante las pinturas rupestres, los petroglifos, geoglifos, textiles y piezas cerámicas.

Ana María, ha enfocado sus investigaciones de estos últimos ocho años a revelar la simbología de la presencia iconográfica de los felinos, en especial del gato montés en diversas representaciones artísticas arqueológicas desde los primeros asentamientos humanos hasta las culturas pre-inka e inka. Durante mucho tiempo se ha pensado que esta iconografía hacía relación al jaguar o algún otro tipo de felino, que no han podido ser precisados. En esta búsqueda, Ana María ha recorrido diversos museos y colecciones privadas a nivel nacional e internacional, pudiendo identificar la presencia del gato montés en miles de piezas arqueológicas, contrastando la tradición oral, la lingüística, la arqueología, la historia y la vivencia personal sensitiva de investigadora y pobladora andina, sobretodo.  Ella menciona: “Yo me siento tan identificada con mis raíces, que me conducen por el camino de la investigación desde una perspectiva andina.”

Para reinterpretar la esencia de la cultura andina prehispánica es necesario desaprender los conceptos difundidos a través de las crónicas del siglo XVI. Ana María Gálvez nos refiere: “Cuando llegaron los españoles, ellos decían que lo indios adoraban a los demonios. ¿Por qué demonios? Tratando de responder esta incógnita, revisé la historia de Europa. En el siglo IX se presentó la peste bubónica, porque eliminaron a los gatos y comenzaron a aparecer las ratas. Por eso la iglesia comenzó a decir que los gatos son demonios, incluso llegaron a representarlo junto a Judas. Nuestros abuelos también decían que los gatos son demonios…”

De acuerdo a lo mencionado por la investigadora, es por ello que cuando llegaron los españoles asumieron la postura de que los indígenas adoraban al demonio, porque vieron representaciones de gatos y personajes felinizados en la arquitectura, la cerámica, los textiles, etc.  Dentro de sus investigaciones, hace también un estudio lingüístico: “Chinchay”, en quechua significa gato y “Titi” en aymara también significa gato, o “wari” que quiere decir gato. Estos términos se han conservado a través de la toponimia de lugares sagrados tanto de la zona quechua como aymara, que dan evidencia de la presencia de este animal. Así mismo, refiere que “Osqo” significa gato en quechua. Por ello, el nombre del Cusco o Qosqo provendría de esta palabra quechua “Osqo”.  Actualmente existe esta toponimia en diversas zonas de Cusco: Osqoyllo, Ushnu Osqoyllo, que poseía diversas huacas sagradas, que fueron destruidas.  

Foto: Virginia Gálvez Soldevilla

En todas las manifestaciones de las culturas andinas preinkas aparecen las imágenes de felinos que resultan de la revelación de sustancias enteógenas, como el guachuma o San Pedro. Ana María Gálvez ha analizado diversas piezas de origen Chavín, descubiertas por Julio C. Tello y ha identificado la representación de figuras felinas, como el caso de la pieza cerámica “La suprema deidad” en la que aparecen diversos referentes alusivos a un sacerdote que bajo efectos del espino de guachuma podía conectarse con el Choquechinchay, por ello el personaje principal se feliniza y puede tener visiones a través de un espejo de agua. El cielo siempre ha sido un elemento primordial dentro de las culturas pre- inkas, a través de la observación podían identificar los tiempos de siembra y cosecha, que era una de sus actividades principales.

Los aportes de Ana María Gálvez vislumbran sobre todo un cuestionamiento filosófico que siempre nos hemos preguntado: “quienes somos y de dónde venimos” a través de las manifestaciones artísticas y evidencias arqueológicas de las culturas ancestrales. Ella nos invita a seguir investigando desde otra perspectiva, con una visión propia desde un concepto andino: “En la época de nuestros ancestros no existían los leones ni los dragones, ni animales grandes que son referencias tomadas de historias occidentales. Para entender la cultura andina es necesario tener una concepción transdisciplinaria ligada a la historia, la arqueología, el arte, la antropología y las vivencias andinas”.

La investigación de Ana María Gálvez, debía publicarse este año, y durante la cuarentena se logró concluir la primera edición de Chuqui Chinchay: Deidad del Agua -Animal de Poder en la Cosmovisión Andina-, la cual pudo salir a la luz gracias al auspicio de la Sociedad Pro Cultura Clorinda Matto de Turner, una institución que apuesta por la cultura en nuestra ciudad. Los invitamos a leer esta primera edición, cuyos hallazgos, estamos seguros que sorprenderán.