20/04/2021

Golpe de Estado de 1992: 29 años del oprobio

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Veintinueve años después del golpe de Alberto Fujimori seguimos sufriendo las consecuencias de aquel nefasto episodio en lo económico y político. El oportunismo predomina en aquellos que llegan al Congreso o a cualquier otro cargo de elección popular.

Corría el 5 de abril de 1992 cuando el Perú sufrió nuevamente un golpe de Estado. Esa vez fue a manos de Alberto Fujimori Fujimori. La escena que quedó grabada en la retina de miles de peruanos fue aquella en que Fujimori, en un mensaje a la Nación, dijo: disolver, disolver temporalmente el Congreso de la República.

Fujimori sepultó la democracia y decidió, entre muchas otras cosas nefastas, suspender la Constitución Política de 1979, disolver el Congreso e intervenir el Poder Judicial y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). A partir de allí se estableció en el Perú un gobierno autoritario, con fuerte poder de decisión en la cúpula militar, a través de Vladimiro Montesinos.

Alberto Fujimori y la cúpula usaron como pretexto para el golpe de Estado que el Congreso obstruía las leyes necesarias para la recuperación económica que estaba en crisis tras el primer gobierno de Alan García, y la lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

El golpe recibió el respaldo de las Fuerzas Armadas que demandaban mano dura contra la subversión y de los sectores empresariales que arroparon al gobierno dictatorial. Por eso, mientras Fujimori daba el mensaje, los tanques y las botas militares tomaron el control de todas las instituciones del Estado, así como era intervenida la sede de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).

Al día siguiente el país empezaría a vivir largos años de dictadura, excesos, abusos, crímenes a manos del grupo paramilitar Colina como en los sonados casos de Barrios Altos y La Cantuta, así como mucha, pero mucha corrupción en el aparato estatal. Una comisión del Congreso determinó, después de la caída de la dictadura en el 2000, que los fujimoristas le robaron al Perú más de 6 mil millones de dólares.

Ocho meses y 13 días después del golpe, el fujimorismo asesinaría al secretario general de la CGTP, Pedro Huilca Tecse. Fue acribillado por varios individuos con armas de fuego de corto y largo alcance en la puerta de su casa. No aceptaba críticas, detestaban a los opositores. Una dictadura en su más cruel expresión.

Una larga noche

El 5 de abril de 1992 llegó la noche de la dictadura que duró ocho años. No obstante, 29 años después seguimos sufriendo las consecuencias de aquel nefasto episodio en lo económico y político, principalmente.

En el primer caso, las privatizaciones devinieron en claros actos de posición de dominio –en algunos casos monopolios- o concentración de poder en manos de unos pocos, mientras que la mayoría de peruanos seguía y sigue viviendo en la pobreza.

En lo político, persiste el oportunismo de aquellos que llegan al Congreso o a cualquier otro cargo de elección popular. El transfuguismo es hija de la dictadura de Fujimori: su socio Vladimir Montesinos compró a congresistas para tener el dominio del Congreso y así evitar la fiscalización de los actos de corrupción en los que nadaba el fujimorismo aquellos años. Estamos ad portas de elegir a las nuevas autoridades, a las autoridades del Bicentenario de la Independencia. Por eso, los peruanos estamos en la obligación de elegir bien y pensando en el país. La elección de un “apolítico”, aquel que despreciaba al Estado, nos trajo años de deterioro moral e institucional. No volvamos a cometer el mismo error este 11 de abril.