20/04/2021

EL NÚCLEO DE ORQUESTAS Y COROS INFANTILES Y JUVENILES DEL CUSCO

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Por: Fernando Lecaros KusiPauqar

Director del Núcleo

Cuando camino por las calles del Cusco pienso objetivamente en los motivos por los cuales tuve que salir a la cada vez más, ploma ciudad. Todo influye para cambiar de estado de humor: el ciudadano desvergonzado que arroja sus desperdicios en la vía pública, algún rincón con olor a orines, el ruido de los vehículos, los tumultos de las interminables filas de los bancos, la contaminación que se incrementa día a día, etc. En medio de todo ese contumaz gris citadino y como secuela también mental, el tiempo hace un alto para escuchar algunas voces que me pintan la vida nuevamente de colores y de esperanza, al menos por unos minutos, mi cerebro se nutre con un poco de ilusión.

La voz de algún niño o joven que me saluda con ese impetuoso: “¡profe Fer!” es como una maravillosa medicina que calma y hasta desvanece todo ese pesimismo y desesperanza en esta humanidad, las muestras de cariño y remembranzas de días que en sus vidas marcaron etapas tan importantes para ellos son el reflejo de una realidad que la ciencia nos hace saber cada vez, con más constancia y precisión: la música es imprescindible en nuestras vidas (entiéndase, cada ser humano debería ser capaz de producir y crear música).

El núcleo o los núcleos -como los músicos Latinoamericanos lo conocemos- tienen su origen en el país de Venezuela. En la década de 1970, el economista y músico: José Antonio Abreu, tuvo la idea futurista de crear estos centros (masivos) de enseñanza musical para niños, niñas y adolescentes. En estos epicentros musicales, aprenden a tocar un instrumento con el fin de orquestar, de juntarse y tolerarse unos a otros para juntos alcanzar un fin supremo que es hacer música, como complemento también se busca consolidar los buenos valores que cada pequeño músico recibe en su casa o colegio, y si no los recibe, los maestros del núcleo se encargan de que estén presentes en sus vidas. Este modelo venezolano se fue expandiendo por  muchos países del mundo en mayor o menor escala. En el Cusco hace 10 años empezamos con un proyecto bajo esta modalidad, primero con el apoyo del tenor Juan Diego Flores y ahora junto a la Asociación Pukllasunchis.

Nuestro objetivo no es que todos los chicos sean músicos profesionales, simplemente queremos que mediante la práctica musical tengan esa oportunidad del enriquecimiento espiritual que sólo la música es capaz de otorgar de manera tan efectiva, y por efecto dominó, este poder enriquecedor también pueda llegar a sus familias y a su entorno social más próximo.

Un niño o adolescente que tiene la oportunidad de cantar o hacer música con su propio cuerpo y que luego de adquirir algunas destrezas mínimas lo puede hacer en grupo (orquesta) con otros niños o jóvenes como él, nunca más ve al mundo como antes, su criterio estético tiene un crecimiento exponencial, nunca más es él mismo. Personalmente, recuerdo mucho esas sensaciones que marcaron mi vida para siempre. A los 8 años de edad tuve la suerte de tener en mis manos por primera vez un violín, sentir su olor, su textura, su color y el primer sonido que le saqué al instrumento es algo que jamás olvidaré. A partir de ese entonces y obviamente sin darme cuenta empecé a sumergirme en un mundo de sensible estética e intelectualidad, que seguramente años más tarde se fueron manifestando de manera más clara y objetiva.

Como maestro, tengo una comunicación constante con los músicos del núcleo, incluso con los ex integrantes, lo que me permite seguir persistiendo en este sueño dentro de esta gran urbe. Quisiera compartir algunos testimonios de cinco jóvenes que pertenecieron a nuestras orquestas. Ellos y ellas al igual que yo, en mayor o menor medida seguramente han sentido esas experiencias y vivencias que sólo la música y en particular ser parte del núcleo de Pukllasunchis ha significado en sus vidas.

Magna Castro (23 años) actualmente es ingeniero de sistemas, durante su educación secundaria aprendió a tocar la viola. Ella junto a sus hermanitas asistían puntualmente todas las tardes a nuestro núcleo, en Pukllasunchis. La pasión y disciplina de Magna en el aprendizaje de su instrumento fue tal, que llegó a ser capo de la fila de violas de la orquesta sinfónica juvenil del Cusco, Magna recuerda: “…las experiencias en orquesta fueron convirtiéndose en sensaciones inexplicables de felicidad y satisfacción… recuerdo que antes de un concierto con la sinfónica juvenil, estábamos en un salón a la espera de entrar al escenario, todos calentábamos con los instrumentos, algunos tocando, charlando y otros jugando; cada uno por su lado. De un momento a otro, una melodía se hizo campo entre todo el ruido y desorden, era una pieza que todos conocíamos y poco a poco empezó a sonar más fuerte, cada uno se fue sumando desde el lugar donde estaba, algo totalmente voluntario, fue un momento mágico, al terminar hubo silencio y miradas cómplices entre todos, en ese momento entendí que la música y sobre todo una orquesta es la representación perfecta del trabajo en equipo…”

Magna tuvo la ocasión de tocar en dos temporadas completas con la Orquesta Sinfónica del Cusco en calidad de invitada, pero esa pasión por la Viola le sirvió para que años después la plasme en su profesión y en su vida laboral: “…Si bien decidí no ser músico profesional, las enseñanzas y experiencias que me dejaron al ser parte de una orquesta son lecciones de vida que me hacen una mejor persona y profesional, me queda el profundo agradecimiento y admiración por el trabajo y esfuerzo de  los profesores del núcleo que cambiaron mi vida, esperando devolver esto en un futuro y yo también poder cambiar la vida de algún niño o niña”… y ¡claro!, es que el arte tiene esa esencia, ser siempre solidario.

Nestor Huamán desde muy pequeño tuvo la suerte de estar imbuido en el mundo de la música, en su casa siempre había el estímulo preciso para ir desarrollando este amor. Antes de entrar al núcleo él ya tocaba un poco otros instrumentos musicales, pero es en el núcleo donde ese amor se convierte en pasión: “… el núcleo en mi vida fue un complemento e impulso para decidir mi futuro, que era estudiar y dedicarme por completo a la música, y es ahí donde me decidí por el Violoncello”… Nestor siente que la música es una forma de vida, algo así como cuando una persona decide entregarse a una religión y todo lo que hace lo hace por y para su religión: “…mediante la música se puede transmitir una manera de vivir, de sensibilizar a las personas, la música influye mucho en la sociedad es por eso que es muy importante lo que uno empieza a escuchar de pequeño, gracias a mi hermana mayor yo tuve la suerte de escuchar buena música… En el núcleo aprendí a apreciar las demás artes y tuve una mirada más profunda hacia ellas”… lo que manifiesta Nestor es una muestra de algo que constantemente escuchamos de nuestros alumnos: “¡Profe! vi la película que me recomendó, o busque en internet la pintura de la que nos habló, o leí el libro que me recomendó, etc.”. Es que en situaciones normales, en los talleres del núcleo los maestros siempre destinamos unos minutos para conversar sobre otros temas, esto sirve un poco como un respiro en medio del ensayo, es una forma muy efectiva de llegar a ellos y de inyectar en sus cerebros el virus del conocimiento. Actualmente Nestor es violoncellista de la Orquesta Sinfónica del Cusco y a la vez sigue con sus estudios profesionales de música.

Hacer música es la mejor decisión que uno puede tomar para mejorar, conocerse y crecer, cuando las palabras no son suficientes en este mundo que a veces es tan sordo, tu instrumento musical será tu mejor arma“, esta es la frase que Cassandra Zavaleta (22 años) le quiere decir a todo niño o joven que quiere aprender a tocar un instrumento, ella ya era una niña muy disciplinada cuando fue parte del núcleo. Aprendió a tocar el violín en una academia de la ciudad desde muy pequeña y cuando entró al núcleo lo primero que le chocó fue que todos los niños tenían mucha facilidad para leer música, algo que ella en ese momento no dominaba, pero su disciplina y sobre todo su humildad hicieron que esa traba la superara rápidamente, es que en el núcleo los maestros vemos crecer a los chicos, no solo físicamente sino intelectualmente, día a día vemos como van siendo cada vez más analíticos de la realidad y de su realidad, con ellos es común tener conversaciones sobre los libros que están leyendo o sobre las sensaciones que tuvieron cuando escucharon “x” sinfonía o un tema de algún grupo de rock, etc.  Cassandra destacó rápidamente en el violín y llegó a ser concertino de la orquesta sinfónica juvenil del Cusco, ella nos dice: “…no concibo mi vida sin la música, simplemente no puedo disociarla de mi vida y tampoco pretendo hacerlo, uno ve la vida diferente cuando realiza algún arte y eso es un aporte valioso para todo ser humano ya que amplía tu rango de comprensión sobre el mundo, sobre los otros y sobre ti mismo… Cuando se es parte de un grupo humano y se trabaja y comparte con ellos a diario, hay compromisos y responsabilidades que uno tiene que asumir, tus acciones tienen repercusiones inmediatas en la orquesta, si no practicas o no ensayas el resultado se va a ver en la orquesta, uno mejora para sí mismo y para mejorar el producto conjuntamente con los demás, nosotros como orquesta aprendimos a sincronizarnos y a mejorar en grupo con un solo objetivo: el amor por la música y las ganas de hacerlo cada vez mejor, si las sociedades se organizaran como una orquesta, el mundo sería otro”… Cassandra actualmente estudia Antropología en la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP) y quiere especializarse en etnomusicología.

Como la mayoría de niños de nuestro núcleo, Alison Chuspe (17 años) empezó a los 6 años a cantar en nuestro coro, la voz es un instrumento fundamental para que nuestro cerebro aprenda a desenvolverse dentro de la música, si no cantas no eres músico así de simple y categórico, ella siente que su vida cambió completamente cuando entró al núcleo. En casa ya gozaba de buenos valores pero considera que la disciplina es el mejor aporte que el núcleo le ha podido dar para su vida: “…recuerdo con mucha emoción los conciertos temáticos de películas, ánimes o de rock que dábamos junto a la Orquesta Sinfónica del Cusco, practicábamos durante mucho tiempo con gran dedicación, para luego juntarnos con la sinfónica del Cusco tan sólo un día antes de los conciertos, había mucha adrenalina en esas presentaciones, lográbamos el objetivo de interpretar temas complejos y de captar la atención de un público más entendido. Me sentí muy orgullosa de mí y de mis compañeros, son recuerdos que siempre llevaré grabados en mi memoria y en mi corazón, ¡eran épocas alucinantes!”.

En nuestro núcleo los chicos tienen la oportunidad de recibir clases maestras de músicos que vienen a tocar con la Sinfónica del Cusco, el hecho de que nuestros maestros sean integrantes de la sinfónica hace que sea muy frecuente que los músicos invitados vayan a nuestro núcleo a compartir su experiencia y maestría. Alison desde su experiencia ve a la práctica orquestal como una herramienta de formación integral del ser humano: “…Mis amigos del colegio siempre me preguntaban:  ¿cómo hacía para ir a la orquesta y además sacar buenas calificaciones?, mi respuesta era simple; si yo quería seguir haciendo lo que amaba tenía que esforzarme al máximo y no dejar de lado mis obligaciones del colegio”. Casi sin darse cuenta pasó su vida escolar junto al violín, es que al núcleo no sólo van a aprender un instrumento musical sino también a jugar y a divertirse, eso hace que la fuerte presión que implica aprender a ejecutar su instrumento sea más llevadera, … “En el núcleo conocí la amistad verdadera y sana”, nos dice Alison. Ahora ella vuelca toda esa disciplina en sus estudios de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

Al final de un día difícil, siempre te esperará un compañero fiel: tu instrumento musical”, con esa frase concluye Alison.

Raúl Fernández (18 años) también ingresó al núcleo a una tierna edad, él considera que su vida dio un giro importante desde que conoció el mundo de la música: “Los mejores recuerdos de esa época de mi vida son los del núcleo, aprendí muchas cosas que me formaron musicalmente y a nivel personal, la orquesta juvenil para mi significa muchas cosas, entre ellas está el trabajo en equipo y que el amor por cualquier actividad que haces es muy importante para alcanzar el éxito”.

Cuando Raúl cursaba el segundo grado de educación secundaria, empezó a manifestar un liderazgo, coincidentemente cuando pasó de la orquesta infantil a la orquesta juvenil. Este liderazgo fue más evidente a medida que hacia sus progresos en el violín hasta que asumió el puesto de capo de fila de violines segundos: “la orquesta me ayudó mucho a desenvolverme y no tener miedo al momento de expresarme, la experiencia tocando en grupo es invalorable y eso me sirvió para interactuar en otros espacios… en el núcleo me di cuenta que es lo que quería en mi vida”. Actualmente él sigue sus estudios profesionales de violín en el ISMP Leandro Alviña del Cusco.

La música es en esencia un arte metafísico y eso hace que disfrutarla tenga una experiencia trascendente para cualquier ser, digo cualquier ser porque hasta nuestros compañeros planetarios menos analíticos y las plantas actúan de diferentes maneras con el estímulo de una simple melodía. Qué importante es para un ser humano en formación, tener la oportunidad o la suerte de que su cerebro experimente la grandiosidad que solo algunas obras musicales le puedan brindar, comprender la dimensión sonora de una sinfonía, su complejidad, su forma y las sensaciones cerebrales y espirituales que por consecuencia le pueda brindar, eso es tal vez el regalo más importante que un papá o una mamá le pueda brindar a su hijo(a).

Y para finalizar, comparto con ustedes un pensamiento que devino de mi experiencia personal: “Creo que las ciudades son producto de lo que sus arquitectos le pueden ofrecer, en un paralelismo diría que las sociedades son producto de lo que sus artistas le pueden ofrecer.”