20/04/2021

Elecciones en el Perú: desafíos para adelante

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Los medios están enfocando sus inquietudes sobre las propuestas de los candidatos y candidatas de orientación progresista que pudieran afectar el rumbo normalizado neoliberal establecido. Lo que importa es que en las próximas elecciones gane el gobierno un representante político que mantenga es actual modelo.

Escribe: Carlos Herz – Director del Centro Bartolomé de Las Casas

El escenario electoral nacional se presenta extremadamente preocupante y nada halagüeño, si es que miramos el futuro al que aspiramos la mayoría de hombres y mujeres del país. Y lo que se percibe es una dispersión de movimientos políticos, precarios en su gran mayoría, no solo por su frágil o inexistente institucionalidad, sino por su carencia de base doctrinal, programática y hasta ética. Igualmente, una maquinaria mediática que se limita a mostrar a los candidatos presidenciales como lo central de la contienda, contribuyendo a mostrar individuos antes que instituciones políticas.

Lo más resaltante de la campaña –y que poco se menciona– no es el discurso de los actores políticos temporales, de los cuales muchos desaparecerán en unos meses, sino el hábil, millonario y continuo mensaje que difunden los medios masivos promovidos por representantes ideológicos del gran capital –como Lampadia–. Esta propaganda alude a la importancia de la gran inversión privada y los riesgos que se presentarían para el futuro del país si se promueven propuestas como, por ejemplo, cambiar la Constitución Política, que supuestamente es la mejor para el país y por la cual estamos en una posición privilegiada de estabilidad económica. De igual modo, esta intensa campaña se refiere a la posible aprobación de normas que afectarían la marcha normal de las AFP y de las agroexportaciones, que solo requieren ajustes; o a las trabas ideológicas que impedirían una mayor inversión en la gran minería, considerado el sector más importante que motoriza la economía nacional; así como a los obstáculos burocráticos de un Estado ineficiente que retrasa los emprendimientos de quienes desean hacer inversión en el país.

El contenido de estos mensajes, nada sutiles sino directos, es lo más sólido y elaborado que se presenta en esta campaña electoral –y que prácticamente la sustituye– y, sin representar a ningún grupo político en particular, expresa una clara orientación sobre el futuro del Perú, es decir, que de la mano del gran capital y de la iniciativa privada, el país logrará la continuidad del modelo de crecimiento que ha caracterizado la supuesta bonanza económica de todos estos años, tan solo afectada por la ineficiencia del aparato estatal. Y parece que eso da sus resultados.

Como dogma establecido, los medios están enfocando sus inquietudes sobre las propuestas de los candidatos y candidatas de orientación progresista que pudieran afectar el rumbo normalizado neoliberal establecido con más contundencia desde la Constitución fujimorista. De tal manera que lo que importa es simplemente que en las próximas elecciones gane el gobierno un representante político que mantenga ese camino ya trazado; el resto es complemento o relleno –como ha sido hasta ahora–. Ni siquiera la evidencia dramática de la precariedad de los servicios de salud frente al COVID-19, ha conmovido las conciencias de quienes representan al gran capital o ha cuestionado esos modelos que han fracasado. Su poder se ha mantenido incólume en sus beneficios económicos y más bien hay sectores que han incrementado sus ganancias en plena pandemia –agroexportadores, transportistas de carga, farmacéuticas–, y, así como muchos traficaron con el oxígeno, las camas UCI y los medicamentos, ahora les preocupa más la participación privada en la vacunación antes que crear un sistema único de salud que fortalezca la capacidad de gestión pública con el soporte de todos los actores y sectores.

Se debe reorientar el turismo privilegiando la protección del patrimonio cultural y natural.

Los cambios están lejos

¿Por qué esta reflexión más ideológica o doctrinal? Vista la campaña electoral, pareciera que un nuevo gobierno no significará cambios sustanciales en el modelo de acumulación. Ni siquiera un triunfo político de una candidatura alternativa podrá enfrentarse a esa realidad, dado el contexto político y la correlación efectiva de fuerzas. Corresponde construir condiciones y capacidades hacia adelante y, aunque suene pesimista, hay que estar preparados para enfrentar unos años más una situación política de precariedad y mediocridad en el Congreso y el Ejecutivo, continuando con la endémica crisis de gobernabilidad y de informalidad que vive el país, en la cual subsiste y de la que se nutre el neoliberalismo construido en el Perú.

Es desde el Sur peruano que debemos ir diseñando y actuando para crear esas condiciones, configurando una agenda de desarrollo macrorregional que atienda las demandas de la mayoría de la población desde un enfoque que enfrente y recuse con propuestas la base colonial y extractivista que sustenta el modelo económico. Se trata de construir consensuadamente esa agenda que responda frente al fortalecimiento de la agricultura familiar y comunal –mejor dicho, de las familias que forman parte de ella–, para dotarla de los medios e instrumentos necesarios para mejorar su calidad de vida desde un enfoque agroecológico y de soberanía alimentaria.

De establecer el aprovechamiento del agua como un derecho o bien común para beneficio ponderado y consensuado entre los diversos actores urbanos, rurales y empresariales que asuman roles y compromisos responsables en la gestión de las cuencas. De aprovechar los recursos energéticos del Sur con una gestión soberana y en el marco de una transición hacia la generación y extensión de una matriz energética cada vez más sostenida en recursos renovables y de acceso equitativo.

De reorientar el turismo poniendo por delante la protección y sostenibilidad del patrimonio cultural y natural, así como la redistribución de los beneficios que ofrece este sector hacia el desarrollo de los pueblos del Sur peruano. De recuperar banderas, actuar localmente en los problemas globales, y retomar la iniciativa en temas como la democracia, el Estado de bienestar, el cambio climático, un nuevo contrato social y una propuesta país a partir del Bicentenario. Pero se trata sustancialmente de contribuir al fortalecimiento de una institucionalidad política y social con capacidad organizativa, de propuesta, de diálogo, concertación y compromiso por esa agenda que debemos seguir construyendo, así como de negociación para la formulación de políticas públicas que faciliten las condiciones de los desafíos señalados.

No se trata de negar o rechazar la participación del sector privado, sino de que este asuma los estándares internacionales de una actividad productiva responsable y sostenible, y se incluya bajo nuevos términos en los procesos de construcción de gobernanza para un desarrollo territorial basado en las capacidades humanas y las potencialidades tan inmensas que posee el Sur peruano, todas ellas articuladas desde estrategias de diversificación productiva y económica, aportando al desarrollo descentralizado, con inclusión y equidad. Es evidente que debemos mirar al Perú en su conjunto y en su interrelación con el mundo globalizado, pero desde el Sur hagamos el esfuerzo para contribuir con las reformas políticas, económicas y sociales que se requieren, ya no solo en función de estas elecciones que ya fueron -como se dice en el argot popular–, sino pensando en las que vendrán.