23/09/2021

Historia de la corrupción en el Perú

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Resulta complejo que en un artículo se pueda explicar 200 años de corrupción, ahora que se cumple el Bicentenario de Independencia del Perú. Sin embargo, intentamos precisar algunos escándalos de corrupción que han dejado honda huella en la memoria colectiva del país.

Escribe: Henry Delgado Urrutia – Abogado, Magíster, docente Universitario y doctorando en Gobierno y Políticas Públicas. Ex procurador Anticorrupción del Cusco.

“En el Perú -a decir de Alfonso Quiroz– la corrupción no era algo esporádico sino, más bien, un elemento sistémico, enraizado en estructuras de la sociedad […] una limitación crucial que estorbaba el examen exhaustivo de cómo el abuso de la corrupción influyó en la evolución histórica de un país subdesarrollado”.

Desde la época de la independencia, la corrupción en la esfera pública tuvo que ver con las operaciones financieras del Estado. A partir del préstamo de Juan García del Río (1822, tiempos del general San Martín) se incurre en la mala práctica que consiste en que los banqueros londinenses le ofrecen una comisión por cada punto de tasa de interés. Así se produce una repartija de minas, casas, haciendas, esclavos. Lastimosamente, la patria nace manchada de corrupción con esa gestión de bienes (Vadillo, 2020).

Los problemas del último bastión de Sudamérica para consolidar la República, donde los libertadores José de San Martin y Simón Bolívar nunca pudieron consolidar nuestra independencia y orden en la gobernabilidad. Estos fueron reordenamientos y victorias en campos de batalla para remover los cimientos de la Colonia. Y, tal como hemos señalado, luego de San Martín vino una primera ola de militarismos y dictaduras.

Posteriormente, con la guerra con Chile apareció un segundo militarismo con los caudillos militares que participaron en la Guerra del Pacífico y, finalmente, en los inicios del siglo XX, el tercer militarismo con dictaduras que migraron hacia vacancias presidenciales. En resumen, un desorden en la continuidad de gobernabilidad, disputas de grupos de poder que aumentaron la pobreza y desigualdad de la población y sobre todo debilitaron la institucionalidad de los organismos constitucionales.

Alberto Fujimori está preso por criminal y corrupto. Es autor mediato de crímenes y de robarse más de 6 mil millones de dólares. FOTO: ANDINA.

Los tentáculos de la corrupción

Así, la corrupción deja sus tentáculos en las obras públicas: desde el primer ferrocarril Lima-Callao hasta los últimos “casos emblemáticos” referidos a la constructora brasileña Odebrecht en el caso Lava Jato y los “Cuellos Blancos», solo por citar algunos de ellos. Podemos sumar los cohechos producidos por proyectos (obras públicas) de irrigación, carreteras, hospitales, centros educativos, malversación de fondos en tiempos de la pandemia del COVID-19, que han sido y son el “nido de la corrupción”.

Hay hechos históricos que no podemos dejar de mencionar, porque muestran las malas artes que fueron y siguen siendo aliadas del financiamiento de los políticos. Antaño “La Casa Gibbs financió las aventuras políticas de Ramón Castilla como la Casa Dreyfus a Nicolás de Piérola. Y así llegamos hasta la actualidad. Los políticos se apoyaban y se apoyan en empresas a las que luego debían favorecer”, dice Contreras.

Una mirada histórica nos permitirá –sin perjuicio de lo señalado líneas arriba- establecer cuáles han sido aquellos factores que han favorecido a la corrupción. En primer lugar, el contexto dictatorial o autoritario del régimen gubernamental correspondiente. Alfonso W. Quiroz evidencia los periodos del virreinato tardío (1800 a 1820), los primeros caudillos militares (1822 a 1839), la última fase de la era del guano (1869 a 1872), el militarismo de la posguerra del Pacífico (1885 a 1895), el oncenio de Leguía (1920 a 1930), el docenio militar de Velasco y Morales Bermúdez (1968 a 1980) y el fujimorismo (1990 a 2000).

Todos estos períodos se caracterizan por las altas cuotas de concentración de poder (especialmente en el Poder Ejecutivo) político y patrimonial, el nulo o casi escaso sistema de control entre poderes del Estado, la debilidad estructural de las instituciones relacionadas con el control de la corrupción (como el Poder Judicial o el propio Congreso de la República) y cierto contexto de flujo económico de disponibilidad gubernamental. Estas condiciones se aproximan considerablemente a la fórmula tradicional sobre la corrupción planteada por Klitgaard (C=M+D-A), aunque en el caso peruano explica sobre todo los picos de alta o muy alta corrupción en nuestra historia. 

La historia de la corrupción elaborada por el Lugar de la Memoria del Ministerio de Cultura. ELABORACIÓN: LUM.

Un mal endémico

Apenas unos días le falta al Perú para celebrar 200 años de independencia. A causa de los últimos conflictos políticos suscitados, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) no ha proclamado al presidente de la República, mientras persiste el problema sanitario del país, el desempleo y las restricciones educativas. No nos encontramos en la mejor forma y al parecer no hemos reflexionado y menos hemos aprendido sobre democracia y gobernanza en estos casi dos siglos.

La corrupción es un mal endémico e histórico en el país. Se remonta al trágico recuerdo del violento mestizaje, la conquista cruenta que quedó grabada en el inconsciente imaginario del colectivo, trauma histórico que ha generado una cultura de crimen (PEÑA, 2003). Este hecho ha propiciado una cultura de impunidad, principalmente cuando se trataba de sancionar a los poderosos.

Jorge Basadre, en su ensayo “La promesa de la vida peruana y otros ensayos”, señaló que serían tres los grandes enemigos del país: los congelados, los incendiarios y los podridos. Los congelados se encierran en sí mismos; los incendiarios se consumen en el pesimismo y los podridos, vale decir, los corruptos, prostituyen cualquier ideal en beneficio propio y buscan convertir al Perú en un fango, en una charca. A la luz de los antecedentes históricos e incluso los últimos casos de corrupción actuales parecería que los “podridos” han logrado su propósito.

La corrupción en los 200 años de independencia no nos ha permitido alcanzar todavía una madurez en la democracia y la consiguiente consolidación de la República. Podríamos concluir que, a partir del periodo virreinal, pasando por el republicano y hasta nuestros días se constatan patrones más o menos comunes respecto de los factores que favorecieron las prácticas corruptas en los distintos cargos públicos.

El actual descontento de la ciudadanía responde a la falta de gestión del gobierno en salud, política, economía y logística de vacunación. Los destapes de corrupción e inadecuada inversión pública exacerban los ánimos de la población. Nunca se utilizaron los recursos para que las reformas aseguren continuidad en la gobernabilidad y fortalecimiento de la democracia. Solo queda ese derecho expectaticio de todos los peruanos para avizorar un mejor Perú, partiendo en la formación de valores de nuestros niños, cuya educación no solo depende del Estado sino de la familia, donde la honestidad, probidad, honradez y solidaridad y la necesidad de construir un Estado moderno tienen que ser el norte del Perú hacia el tricentenario.

Puede leer la edición completa de Pulso Regional en el siguiente enlace: